2007

El Juicio Final

juicio.jpgAhora que el mismísimo Felipe Calderón anduvo en el Vaticano me acorde de mi visita en ese pequeñísimo país hace unos años. Mucha gente piensa que ir al El Vaticano es una experiencia espiritual como ninguna otra. La maravillosa Capilla Sixtina, la belleza de la plaza de la plaza de San Pedro, y que tal su interior con las tumbas de los santísimos Papas y es donde viven los Papas. Dan ganas de hincarse y rezar y llorar? Nel, yo la neta no sentí nada de eso. Al contrario, me dio mucho coraje saber a donde se fueron todas mis limosnas. No me mal entiendan, no hay duda que es una maravilla en el aspecto artístico y arquitectónico, entre Miguel Ángel y Bernini se rifaron muy cabron. La Capilla Sixtina es impresionante, antes de la restauración no se le daba crédito suficiente al genio de Miguel Ángel como pintor. El museo en si es un museo y la colección que tiene no tiene madre.
El problema empieza cuando entra uno a San Pedro, la cantidad de oro que hay ahí es como para alimentar a una gran parte de África, un poco de Centroamérica y sobra para una torta de milanesa. Pero lo que mas encabrona son la tumbas de los papas, clarito se ve que se tomaron muy enserio la cultura egipcia de ver quien tenia la tumba mas chingona, bola de desvergonzados. El museo no se queda atrás, nada mas basta con mirar el techo y ver cuanto oro hay. Pa’ terminarla de chingar hay puestos de recuerdos en cada pinche esquina, como si no fuera suficiente toda la lana que se embolsan con el boleto de entrada por que es uno de los museos mas caros de Europa. Nada mas les falta gritar “Bara, bara, bara, bara”
Por eso pienso que ese lugar esta muy lejos de ser sagrado cuando lo único que se ve son la riquezas que tienen. Yo de puro coraje al final de mi visita al Vaticano hice lo mas lógico que pude haber hecho, me robe unas postales del ultimo puesto de recuerdos. Rompí el séptimo mandamiento en el lugar mas sagrado de la religión católica. Después de esa ya ni para que me voy a confesar, dudo mucho que Padre Nuestros o Ave Marías me puedan salvar de irme derechito al infierno. Y pa’ terminarla de chingar, después del gran escape, vi las postales que me robe y no eran nada mas y nada menos que las del Juicio Final.
Haganme el chingado favor!

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