2007

Niños de la Calle

La siguiente es una colaboración de ANTONIO:

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Ellos no son un problema, son una conciencia social, que nos debe hacer reflexionar que hay un problema en ese modelo social que seguimos, que puede deber un niño para tener que mendigar entre la miseria y el cruel trato de tantos que avanzamos en una ciudad, avanzamos sin querer mirarlos, vemos en su cara la ternura que hemos perdido, ¿quien es el mendigo (limosnero)? ¿el que da una moneda por recibir un alivio de conciencia? o el que pide la moneda con la conciencia no deber nada?.
Mucha gente piensa que todos los niños que andan ahí es porque su mama los explota su padre es un borracho y cosas así, pero hay muchos que en realidad necesitan trabajar para poder ayudar a su familia, y muchos de nosotros no solo les negamos una moneda, les negamos una sonrisa, les miramos con desprecio. ¿que paso con nuestra sensibilidad?

Hay que saber que nosotros también fuimos niños y darnos cuenta de que a esa edad lo que se quiere es estar jugando, no estar en el solaso, vendiendo chicles, limpiando vidrios o queriéndonos hacer reír con algún chiste.
Nos falta conciencia para decir, te quiero niño payasito, te quiero niño limpia vidrios, te quiero niño bolero, no todo lo puede resolver el gobierno (¿resuleve algo?), quien no tiene un vecino que ya no puede con los gastos de su casa. porque no sacamos un poco mas de lo que ya no necesitamos y le damos la mano. la ropa para el niño, el juguete. Porque no compartimos lo que tenemos.

Una frase que le atribuyen a García Márquez: un hombre solo tiene derecho de mirar hacia abajo a otro cuando ha de ayudarlo a levantarse.

También recuerdo un poema de Reynaldo Arenas. espero que nos haga reflexionar un poco y recordemos lo que significa ser niño, esa etapa irrepetible, que muchos recordaran en la calle trabajando cuando quiseron estar jugando, recordaran que la vida les obligo a jugar al papa de a deveras, a conseguir la comidita de a deveras, a las luchitas de a deveras y sufrir las puetadas de la gente -también- de a deveras.

Yo soy ese niño

de cara sucia-sin duda inoportuno –
que de lejos contempla los carruajes
donde otros niños emiten risas y saltos considerables.
Yo soy ese niño desagradable
-sin duda inoportuno –
de cara redonda y sucia que ante los grandes faroles
o bajo las grandes damas también iluminadas
o ante las niñas que parecen levitar
proyecta el insulto de su cara redonda y sucia.
Yo soy ese niño hosco, más bien gris,
Que envuelto en lamentables combinaciones
pone una nota oscura sobre la nieve
o sobre el césped tan cuidadosamente recortado
que nadie sino yo, porque no pago multas se atreve a pisotear.
Yo soy ese airado y solo niño de siempre
que os lanza el insulto del solo niño de siempre
y os advierte: si hipócritamente me acariciáis la cabeza
aprovecharé la ocasión para levantarles la cartera.
Yo soy ese niño de siempre ante el panorama del inminente espanto.
Ese niño, ese niño,
ese niño que corrompe el poema con su nota naturalista.
Ese niño, ese niño,
ese niño que impone arduos y aburridos ensayos y hasta novelas,
aún más aburridas, sobre “los bajos fondos”.
Ese niño, ese niño, ese niño de cara airada y sucia que impone arduas
y siniestras revoluciones
para luego seguir con su cara aún más airada y sucia.
Ese niño, ese niño ese niño ante el panorama siempre inminente
(sólo inminente) del inminente espanto, de la inminente lepra,
del inminente piojo, del delito o del crimen inminentes.
Yo soy ese niño repulsivo que improvisa una cama con cartones viejos
y espera, seguro,
que venga usted a hacerle compañía

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