El otro día fui a cortarme el pelo. Ahhhh como sufrí!!! Neta que los peluqueros (o estilistas como se les conoce en caso de ser del genero opuesto) debía hacerlos uno firmar un contrato, aclarando en diferentes cláusulas lo que esta permitido y lo que no. Definitivamente las mochadas de oreja, las cortadas con navaja, rastrillo, trasquiladas y todos sus parecidos y similares están prohibidos con pena de ser castrado o incluso de perder la vida (en caso de que sea estilista y no pueda uno quitarle lo garañona). Y no exagero puesto que los corajes que pasa uno cada vez que se topa uno con un peluquero o estilista inexperta sale uno que parece que le pico el mosco del dengue hemorrágico, es decir evacuando sangre del coraje.
Tengo toda mi vida de visitar a distintos peluqueros continuamente y en todos estos años, en todo este ir y venir con uno y otro, solo he conocido un par de buenos peluqueros o estilistas. Conseguirse un buen peluquero es lo mismo que buscar esposa. Cuando los encuentra buenos en su oficio no los quiere uno dejar. He llegado a considerar que hasta me “mocharía con aquello” con tal de no perderlo (aquello siendo la propina claro está). Y mira que los mendigos les son infieles a los establecimientos. Y para encontrarlos cuando se cambian de lugar tiene uno que emplear medios que van desde la contratación de detectives hasta las llamadas a locatel. Parece que se los traga la tierra o pasan por algún inesperado y repentino hoyo negro al estilo del tan sonado triangulo de las Bermudas.
Puedo asegurar que dos o tres de estos profesionales del cabello aparecieron en las pesquisas del tío Gamboín alguna vez en la desesperación de algún cliente de dar con su peluquero de cabecera ya desaparecido. Los más inexpertos por lo regular se valen de artimañas para esconder su poca habilidad para cortar el cabello. La mas común es la de sentar al cliente a espaldas del espejo. Uno nada mas ve como van cayendo los mechones de cabello de distintos tamaños y siente como que de un lado de la cabeza le pega mas frío el aire. Y si son estilistas, hay de las que usan sus atributos frontales para dejar contento al cliente aunque parezca que le cortaron el pelo con las tijeras con las que Dalila trasquiló a Sansón. Basta no mas que le pegue las “boyas” en un par de ocasiones al cliente para que éste deje de pensar en el crimen al cual esta siendo sujeto para sentirse que esta en un concurrido y afamado congal.
Se de un amigo que fue a cortarse el pelo, y la estilista era de tan buena mano que no tuvo necesidad de hacer un solo corte en su cabello para que mi amigo saliera contentísimo con el servicio. El muy desdichado nunca ha revelado donde se corta el pelo por mas que todos sus amigos hemos querido hacernos clientes frecuentes de dicha profesional (y no profesional del cabello precisamente). En mi frustración y por recomendaciones del medico de no hacer tales corajes con estos criminales he optado por traer el corte tipo “Shrek” y operar con maquina y rastrillo sobre mi propia cabellera. Es bien sabido que los pelones nunca pasan de moda. Probablemente me deje crecer el cabello y volver a confiar en alguno de estos desgraciados. Me tranquiliza el pensar que los peinados a la moda le dan a uno esa ventaja, no hay que traer un buen corte para andar bien peinado. Pero por si las dudas procuro tener maquina y rastrillo a la mano si por culpa de alguno de estos infelices tuviera que andar a rapa una vez mas.
Colaboracion del buen KillerPollito
