2008

Pena de muerte = Solución de secuestros?

Ahora que ‘están de moda’ dos temas (el terrible caso Martí y la ejecución de nuestro compatriota el día de hoy…si no es que ya) encontré esto de la escritora Sara Sefchovich que nos hace ver las dos caras de la moneda… Es para meditar un momento y ponernos los guantes. Me hace pensar el hecho de que tu al igual que yo, tenemos que levantarnos tempranito y en chinga, ir al trabajo, soportar el tráfico o al que ‘le rechina la bisagra o le chilla la ardilla’ en el metro, al que tragó policía y no le quitó la macana, más la vieja nefasta de la chamba, tronarnos los dedos en la quincena y día a día.. para que venga un hijo de puta, huevón, a quitarte lo que con el sudor de tus huevos ganas!!!! Es increíble que habiendo 100 millones de Chilakiles y yos diariamente, por unos cuantos hijo’epu… tengamos que seguir en esta realidad. No soy borrego, he investigado y la neta este mexicano (aunque me arda por ser mexicano) la cagó gacho y tendrá que pagar por ello; al igual que los que ASESINARON CULERA Y COBARDEMENTE a Alejandro Martí, porque te aseguro que ni siquiera le dieron chance de defenderse a este niño (porque era eso…un niño).

¿¿¿¿ Qué pasaría si NINGÚN mexicano pagara sus impuestos un mes cómo señal de protesta?????

Nos morderían después pero lo mismo daría ya que lo que pagan mis, tú o nuestros impuestos tampoco sirve mas que para sueldos, viajes, prestaciones,etc. Ya que lo estamos viviendo,(cero seguridad, cero servicios) me gustaría que de menos la bola de pendejos del Senado no cobraran un mes y dejaran de calentar NUESTROS sillones o curules o como sea…en fin te pego el artículo.

Sara Sefchovich
La pena de muerte

La ejecución programada para hoy de un mexicano en Estados Unidos invita a reflexionar sobre un tema de gran importancia: la pena de muerte.

En el caso mencionado (y otros de un medio centenar de personas, varios de ellos connacionales, sentenciados a lo mismo), los argumentos de los opositores han ido en tres sentidos: el de la Corte Internacional de Justicia, que considera que los condenados no tuvieron acceso a una defensa adecuada y digna; el de quienes niegan la calidad moral de Estados Unidos para aplicar la pena capital, dado que es un país que hace la guerra y que invoca el derecho internacional cuando le conviene, pero no cumple su parte cuando le toca; y el de quienes aseguran que esas sentencias se aplican con criterios racistas y de clase social.

La cuestión es espinosa. Quienes están a favor de la pena de muerte sostienen que es necesario dar castigos ejemplares para que los delincuentes lo entiendan: “La pena de muerte hace que las sociedades violentas se controlen”, dice un video en YouTube.

Los que están en contra de la pena capital sostienen argumentos diversos, de corte religioso (la sociedad no tiene derecho a quitar la vida de un ser humano), ético (la justicia no se logra con la venganza), sicológico (la violencia genera más violencia), jurídico (las legislaciones modernas se sustentan en la reeducación y no en el castigo), o por considerar que es una barbarie y nosotros ya vivimos en un mundo civilizado.

Durante muchos años, me he opuesto a la pena de muerte, porque puede haber errores y entonces se castigue a inocentes o se aproveche para ir contra disidentes políticos o religiosos. Pero nunca estuve tan segura cuando se trataba de castigar a delincuentes violentos.

Hace algunos años, seguí de cerca el caso de un muchacho mexicano que vivía en Texas, al que se condenó a muerte por secuestrar, violar y asesinar a una joven estadounidense de 20 años. Él reconoció haber cometido el crimen pero pidió perdón a los padres de la muchacha, quienes se lo negaron, lo mismo que el presidente estadounidense, quien le negó clemencia. Entonces la familia empezó a decir que no se le había perdonado la vida por mexicano, por moreno y por pobre.
Me impresionó cómo, por obra y gracia de este discurso, se logró convertir el asunto en uno de estadounidenses contra hispanos, el asesino quedó como la víctima y al que estaban castigando para hacer justicia resultó ser el que no había recibido justicia.

En la situación de México hoy, hay casos que del estómago me brota una indignación enorme y pienso que la pena de muerte es apenas justa, como cuando un sujeto mutila, lastima, viola o le quita la vida a un niño, joven o viejo, trabajador, empresario o profesionista, hombre o mujer. El asesinato de Fernando Martí, de 14 años de edad, como otros anteriores, no me lleva a pensar en las cuestiones para estar en contra, sino a preguntarme con qué derecho alguien que hizo eso, sin considerar lo ético y lo justo, lo digno y lo humano, lo correcto y lo civilizado, puede ahora exigir que tengan hacia él esas consideraciones.
www.eluniversal.com.mx

Hazme el chingado favor!

Cortesía de USUANNY JENKINS

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