2008

De lengua me como un taco

Hace unos días se firmó el dichoso Acuerdo Nacional para la Legalidad y la Seguridad. Como ya saben, se trata de un acto oficial en el que los protagonistas y juraron y perjuraron que pondrán un hasta aquí a la inseguridad, pero no harán gran cosa, porque como diría Groucho Marx, la política:

“es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después un remedio equivocado”.

Cuántas veces hemos escuchado la misma cantaleta, las trilladas promesas, los choteados acuerdos y los mentirosos informes. Recordemos que si han habido movilizaciones en el rubro de la seguridad pública, es simple y sencillamente por el secuestro del hijo de Alejandro Martí (el dueño de Deportes Martí); mientras tanto, miles de plagios en todo el país duermen en carpetas amontonadas en las procuradurías estatales.

Uno de los apartados del mentado pacto señala “la necesidad de incrementar contenidos que fomenten la prevención y atención de adicciones entre los jóvenes”, lo cual se traducirá en más espots y comerciales chaquetos de que las “drogas destruyen” o “vive sin drogas”, cuando la solución es sencilla: informar, no satanizar.

La droga que más se consume entre jóvenes menores de 20 años es el crack ¿alguien ha visto un comercial que indique qué es y las consecuencias que ocasiona su uso? ¿cuántos profesores sabrán del tema? ¿cuántos padres?

Cuando alguien menciona la palabra droga, ineludiblemente pensamos en mariguana o cocaína, mientras ignoramos que éstas pueden ser hasta menos dañinas que un red bull, o lo que es peor, que existen sustancias más peligrosas y cercanas a nosotros (además de drogas, claro).

Porque sólo los niños han de creer los comerciales de la SSP federal sobre la captura del Mochomo o del Chicles, de que sufrirán la gota en la cárcel y demás embustes. ¡Por Favor! Esos tipos cómo van a padecer con ese dineral bajo sus colchones y sobre todo, con el poder que esa dolariza genera.
Los que padecemos somos los pobres. Lo recordé hace un rato al comprar un café en el Oxxo (no me gusta mucho, pero la bolsa no dio para más), un extraño arrebato de curiosidad me llevó a examinar la sopa de números que suele traer todo ticket de compra. Mi sorpresa fue mayúscula: por mis 9 pesos que costaron mis 500 ml de café, le pagué al gobierno 1.20. Dinero que seguramente sirvió para la firma del convenio, y de los espots chaquetos que empezaré a ver por todas partes. ¡Hazme el chingado favor!

machincuepo

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