2008

El mito arrepentido: sospechas de los últimos días

Saludos, bueno pues te mando mi primera aportación. Se trata de un artículo que escribir para una revista equis que, al final, se negó a publicarlo porque “comprometía la integridad de la revista”. Hazme el chingado favor.

El mito arrepentido: sospechas de los últimos días

Desde hace un par de semanas, varias personas han venido insistiendo con que no todos los hechos que tengan lugar en México o que involucren a mexicanos, tienen que ver con el narco. Definitivamente tienen razón. Ni la decadencia nacional del fútbol, ni el eventual empobrecimiento del movimiento Amloísta tienen que ver con todo eso. Incluso, pensar en el hecho de que, en Reforma, no llueven ranas sino aviones presidenciales y que, en este sentido, la DEA haya sido una de las primeras organizaciones extranjeras que intervino en el avionazo –lo digo asumiendo que usted lee estas líneas después de enterarse que el ex Zar antidrogras fue detenido debido a un vínculo de 450 mil dólares- puedo pensar que es pura ociosidad, pues, en México, como ya se sabe, las cosas pasan porque así lo quiso Dios.

Sin embargo, nadie puede negar que la sucesión de dos acontecimientos (la aprobación de la nueva reforma y el cambio de rumbo en los narcomitos) da pie a muchas dudas. Luego de pocos días de haber logrado la aprobación de la reforma energética, los narcomitos comenzaron a sufrir transformaciones radicales. Por ejemplo, un caso podría ser el de las personas que antes recibían cadenas apocalípticas donde se les advertía de una muerte segura en caso de que se atrevieran a irse de fin de semana a gastar su dinero en un congal, bar o cantina –aquí debo incluir también, todas aquellas cadenas que traen a una Santa Muerte y que cierran con la inscripción: si no envías esto a 1200 personas un zeta irá a tu casa y te secuestrará, metiéndote en un costal y sin siquiera bajarse de su Hummer- y que, de la noche a la mañana, pasan a la otra cara de la moneda, en donde, según las malas lenguas, y al más puro estilo del Circo Ataide, “ellos” ya anuncian que se irán en diciembre.

Dicho esto, tal vez podríamos ponernos a pensar en el momento exacto en que aquellas palabras habrían de transmitirse de eslabón en eslabón, desde el narco mayor hasta la población en general.

Tal vez fue en un bar de la alta alcurnia o bien en un VIPS, por aquello de tomar grandes decisiones sin levantar sospechas. Un tipo gordo y con canas está sentado frente a otro más delgado y un poco más viejo pero más proclive al uso de tintes para el cabello. El tipo gordo está tomando una piña colada junto con un sándwich club, le da un sorbo a la bebida y mira melancólicamente por la ventana. Afuera, la gente pasa rápido sin detenerse a mirar a los dos individuos, y hasta el fondo, del otro lado de la calle, un taquero taciturno y con cara larga por temor a ser liquidado en una aparente balacera entre capos y militares –él no sabe que pronto aquella nube negra desaparecerá. El del cabello pintado lo mira como cuando alguien sabe que algo memorable va a pasar. Ambos quedan en silencio por un par de minutos. El gordo voltea y lo ve mientras le dice: -¿sabes qué? Ya en diciembre me voy de aquí. A lo que el de cabello pintado, a sabiendas de que no debe cuestionar a su superior, asiente con cierto gesto de resignación; sin embargo, acosado tal vez por la idea de que jamás volverá a probar las Tortas de Don Pepe´s, o que ya nunca escuchará a la marimba del centro que toca desde las 11 hasta las 3 de la tarde, sucumbe a los temores futuros del exilio y de su boca escapa una pregunta que, si bien no pone en riesgo su integridad laboral y física, sí resulta desconcertante para el jefe: -¿Y a dónde te vas a i? El gordo lo ve con cara de incredulidad por lo evidente de la pregunta y le dice -pues ya… a mi casa, güey.

Cortesía de Diego S

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