2009

Un Imperio por una Cubeta

cubetaEn México la gente coloca volcadas cubetas de pintura vacías justo bajo la acera afuera de las casas para apartar el lugar de estacionamiento. Las amas de casa somnolientas y atolondradas salen tempranito y dejan estos mexicanísimos apartadores que luego los niños utilizan como basureros.

Es la manera de proteger los imperios en cada hogar, evitar las invasiones molestas, el estacionamiento de facto del camión de la basura o el del agua. Se teme que nos roben nuestro espacio. Pasa la mismo en la fila de las tortillas, o en la de los bancos, en los cines o en los teatros, en el mitin o en la iglesia: se pide al que está al lado o adelante o atrás o arriba que haga el (chingado) favor de velar el asiento o espacio o turno para no perderlo cuando se requiere ir, por ejemplo, al baño.

Y es que hay buenas razones para protegerse de ese modo. Están por ejemplo estos arribistas que salen muy temprano con cinco o seis cubetas vacías a buscar una cuadra distraída dónde colocar sus instrumentos de trabajo para apropiarse del uso de suelo y convertirse en apartalugares, vienevienes.

No dejo de pensar en lo que habría pasado si los mayas hubieran colocado unas cubetas flotantes en las costas de nuestros mares cuando las carabelas se acercaban. El tipo de proa detrás de la mirilla telescópica habría anunciado que allí no era y hubieran seguido de largo buscando la tienda de especias, quizás hasta la habrían encontrado.

Aunque quién sabe. No faltaría el arribista que fundando un servicio de canoas hubiera salido a altamar a hacer la función de vieneviene haciendo señales de humo y prometiendo lavar bien el casco y cuidar que a las carabelas estacionadas en el lugar designado por una cubeta no les desaparezcan los espejos laterales o los timones.

Cortesía de Alejandro

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