2009

Un mandado

bolsa_mandado Lugar especial en el catálogo de los mexicanísimos subterfugios verbales ocupa sin lugar a dudas el ‘mandado’. Misterio inextricable que a su sola mención ocasiona un alzamiento de cejas y diversas conjeturas, asentimientos sonrientes e ironías aplicables, el mandado es ese lugar utópico a donde se nos manda cada vez que queda en entredicho nuestro paradero.

Y es que el mandado puede significar cualquier cosa: ir a la tienda a tramitar una cajetilla de cigarros, fugarse con la vecina a jugarse un dominó, subir a la azotea para verificar que el mundo siga en su lugar. El mandado es la madre de todas las mexicanas evasivas porque su voz implica una suerte de mandato ubicado encima de nuestra voluntad: cuando alguien insiste en saber hacia dónde nos dirigimos o por qué no podemos acudir al sitio al que se nos invita, el mandado acalla toda protesta posible y nos ubica en el sitio importante del que tiene algo que hacer.

Pienso que cuando a la Malitzin antes de ser la Malinche y sin pensar aún en ser Marina le preguntaron sus correligionarios a dónde se dirigía con esos hombres barbados respondió que a un mandado para acto seguido engendrar a toda una nueva cultura mientras a lo lejos, tras lomita, la hierba se movía, se movía, se movía.

Luego imagino a Hidalgo viviendo con una hipotética esposa que le pregunta a dónde va a esas horas de la noche con esa antorcha en la mano, y a aquél respondiendo que a la Independencia sólo para recibir los gritos embravecidos de -¿cuál pinchi independencia, así se llama la cantina?-, para después encogerse de hombros y regresar a la habitación a mejor seguir conjurando.

No; seguramente dijo: Voy a un mandado, mientras avivaba el fuego de su antorcha y salía de su casa para ponerse a gritar como desquiciado.

Pero eso, claro, no viene en los libros de texto gratuitos, cuyos autores seguramente debieron estar haciéndose mandados mientras los escribían.

Este es otro texto de “Cosas perdidas en los sillones”, librito compilado por Alejandro, el primer texto se llamo: Un Imperio por una Cubeta

Cortesía de Alejandro

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