2009

¿Amor por México?

Tengo que confesar que me he vuelto adicta a este blog por diversas razones, de las cuales la principal ha sido la libertad de expresión [rayando en tintes que algunos pudieran considerar absurdos]. Sin embargo, sin esa libertad este espacio no sería lo que se ha convertido en lo que es: un foro en donde podemos encontrar opiniones diversas y conjugarlas para crear una opinión personal.

Acabo de tener el placer [y agonía] de leer detenidamente el aporte de opinión de la visita de Obama a México y sus subsecuentes comentarios. Fue un tanto triste poder ver los pocos aportes realmente fundamentados de las opiniones que nosotros mismos como mexicanos tenemos con respecto a nosotros mismos y los temas que nos conciernen… lo que me hizo meditar en mi teoría [ya planteada por algunos filósofos a lo largo de la historia] y que quiero compartir.

Muchas veces me he preguntado el por qué nací en México. Siendo México mi país natal y el de mis padres y el de los padres de mis padres, no he tenido más remedio en mi trayecto por la vida que adoptar este patriotismo cultural al que hemos sido arrastrados toda nuestra vida con historias fantásticas nacionalistas. Pero al ver, leer, escuchar y conocer cada día lo que sucede en nuestro país, en todos los sectores [político, educativo, publicitario, científico, etc.] no puedo sino cuestionar constantemente este “amor” aprendido por México.

Los mexicanos somos expertos en evasiones de todo tipo. Hemos evadido a lo largo de la historia todo tipo de responsabilidades, ya sean natas o impuestas. Y la que más nos ha afectado es la evasión de la resposabilidad de pensar y usar esa materia gris (que a veces raya en café) que tenemos dentro de la cabeza y llamamos cerebro.

Pues resulta que sólo por ser humanos tenemos el derecho y la obligación de pensar, de elegir, de decidir. Sin este organito [¡el gris, mexicanos!] nos sería imposible la subsistencia en el mundo. Para vivir necesitamos alimentarnos y para conseguir alimento necesitamos el cerebro. Si no sabemos cultivar frutitas, tenemos que intercambiar esa habilidad por otra en la que inherente necesitamos los procesos mentales… Pero hemos decidido no pensar.

Hemos dejado que alguien más piense por nosotros, decida por nosotros, trabaje por nosotros y hable por nosotros. Y los mexicanos tenemos esa “superhabilidad” de evadir todo proceso mental que nos cargue responsanbilidad alguna. Y decir que es una “superhabilidad” sería en definitiva una contradicción puesto que una habilidad es un proceso racional en el cual es necesario tomar la responsabilidad de pensar.

No sé si la guerra contra el narcotráfico sea más que una estrategia de Calderón [como se rumorea en algunos lados] o si ha sido el presidente con más testículos en la historia por hacerle frente al narcotráfico. Y realmente me tiene con poca importancia. No pretendo participar en el circo que alguien más ha puesto en escena para distraerme de mi responsabilidad de pensar y tomar las decisiones que me corresponden. Echar culpas es evadir esa responsabilidad. Que si Obama y la cola de expectativas que arrastra tras de sí, que si la culpa la tienen los medios de comunicación, el Chapo, los políticos corruptos o la muy decepcionante Selección Mexicana. No importa. Nunca ha importado.

Sin embargo, seguimos cayendo en el juego.

¿Te has puesto a pensar qué es lo que tienes que vale tanto circo? Pues nada menos que tu capacidad de pensar. Es lo más preciado que tienes y lo que más te obstinas a ceder. La única responsabilidad que has evadido y lo único que te diferencía de un animal: el conocimiento y el proceso racional por el cual eres productivo. Controlando la forma que piensas, se puede controlar la forma en la que produces y para quien lo haces. Porque mientras sigas en la oscuridad, dormido y sin querer ver voluntariamente, haces lo que otros que “sí ven” te dicen que hagas.

Es tiempo de despertar, querido[a] hermano[a].

Tal vez, y sólo tal vez y el día que caiga la venda de nuestro cerebro y vea más mexicanos con pensamientos e ideas propias, con hambre de conocimiento y sin miedo a pensar por sí mismos, mi amor por mi país [así como para muchos otros decepcionados] resurja como el ave fénix de entre las cenizas; que muerto muerto no está pero sí huele a que en un rato lo entierran. Porque el amor por México no es amar su historia, sino su presente… [uta!]

Hazme el chingado favor!

Cortesía de Angélica.

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