Días como hoy son difíciles.
Justo cuando uno empieza a saborear el café nunca falta las noticias del día. Y es algo que ya sabemos, pero aun así nos ponemos a leer, a escuchar o a ver las malas noticias. 10 muertos aquí, 8 muertos por acá. La economía para abajo, los secuestros para arriba. Policías corruptos y ejércitos incompetentes. El político robando y el narcotráfico regalando. Irak detonando y Estados Unidos implorando. Números verdes convirtiéndose en rojo. Futbolistas mediocres y celebridades sin talento. Puras malas noticias.
“Donde chingados quedaron las buenas noticias!” Es lo que revolvía en mi encabronado cerebro.
Pero cuando un menos se lo espera pasan cosas extraordinarias. Cosas que son tan insignificantes que muchas veces ni nos damos cuenta del valor que tienen.
Esta mañana mientras compraba unas cosas, la persona que me atendió me dio los buenos días. Pero no fue un buenos días cualquiera, fue un buenos días con la intención de que en realidad fueran buenos. Algo así como el video de la buena vibra. No se los puedo negar, se me hizo bastante extraño, pero fue mi buena noticia del día. Fue lo único que necesitaba para el pinche levanton. Le respondí que se lo agradecía mucho, mas de lo que se imaginaba y solo me reglo una sonrisa.
Una vez mas me doy cuenta que las buenas noticias son las que nosotros empezamos. Son los apretones de manos, los abrazos y los besos con toda intención de darlos. Cosas tan pequeñas y diminutas que cambian actitudes son las que necesitamos.
Las malas noticias de todos los días seguirán ahí. Los hazme el chingado favor seguirán agobiándonos. Las mentadas de madre serán abundantes. Pero si todos nos regalamos un buenos días con todo la intención de que sean buenas, creo que mañana será un día mejor.
