2009

Y sin embargo, se rie

Hace unos días, pocos saben de esto, sucedió que el mundo enfrentó una situación caótica y no precisamente en Copenhague, sino peor, tan atroz que era más gris que las predicciones mayas para el 2012.

Todos los países y especialmente sus presidentes y primeros ministros recibieron una misiva de Santa Claus, o Papá Noel, según el Continente, en donde les manifestaba que aunque estaba dispuesto a cumplir con su entrega anual de los juguetes a los niños, al igual de arriar a sus venados en ese fantasmagórico vuelo por los cielos universales y colarse una vez más por las chimeneas o rincones abiertos de las casas para dejar sus obsequios, en esta ocasión, .-así lo decía el memo.- no lo haría con su característica carcajada del jo, jo, jo. jo.

Había ya en el mundo tanta violencia que él, simplemente había perdido las ganas de reír, aunque no su deseo de cumplir con su tarea.
Los ministros y presidentes se preocuparon ya que para ellos la risa de Santa es como una cascada de felicidad derramada en los millones de niños y adultos que creen en él, esa risa es como parte ya de su vestuario. como sus lustradas botas, su ancho cinturón, vamos, como el rojo de su traje por lo que estaban dispuestos a hacer lo que fuera para regresarla a este personaje su sonora carcajada.

El presidente de Rusia le mandó a los más cómicos payasos de su territorio, el primer ministro de Francia a los mejores mimos, el presidente de Uganda a unos changos bien divertidos cuyo amaestrador había sido condecorado por sus buenas dotes para educar a los simios; los españoles mandaron a Venancio y a la Pilarica, cómicos de cuentos y chistecillos tradicionales allá en la madre tierra.

Todos, todos los países mandaron lo mejor de su repertorio pero todos regresaron fracasados, el hombre de barba blanca no reía.
Solo les faltaba un país, México, el cual en su acostumbrada tardanza burocrática no hallaba qué enviar al polo norte a la casa de la familia Claus; unos decían que los discursos de Fox, otros que mejor las declaraciones de los diputados del PRI en donde aseguraban que no aprobarían nuevos impuestos, unos más opinaron que a Tatiana, a Chabelo y otros a los que se les cerró el mundo pues dijeron que a “Juanito” el de Iztapalapa.

Las presiones del extranjero eran tales que si México no participaba corría el riesgo de perder hasta préstamos especiales para salir de la crisis. Perdidos y al no ponerse de acuerdo, un humilde bolero que lustra calzado afuera de los Pinos les sugirió que le mandaran a Santa el periódico del día 18 de diciembre.
Preguntaron .-cuál.- El respondió, el que sea, Santa es tan sabio que sabrá reír con la noticia correcta.

Y llegó el 24 por la noche, los oidos de los gobernantes del mundo estaban atentos al momento que pasara Santa Claus quien a la hora señalada pasó carcajeandose hasta la hilaridad y dejando sus obsequios. Cuando lograba callar, sacaba de entre sus ropas el periódico de que México le había enviado y esta risa volvía incontenible a su garganta hasta enronquecer.

Apenas amaneció el 25 de diciembre, reporteros ansiosos se presentaron en el polo norte a preguntar a Santa cuál había sido el milagro mexicano, el motivo de su risa. El viejo no pudo hablar, ¡seguía riendo! solo atinó con su gordo dedo a señalar la nota que decía.-“El aumento al salario mínimo de los mexicanos será de dos pesos sesenta y seis centavos para el próximo año“.

Hazme el chingado favor!

Cortesía de GRivera

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