Bueno, aquí les dejo una de las portadas de la conocida revista británica the Economist. Llama la atención el contraste que existe entre la manera en que Brasil y México son percibidos a nivel mundial:
Brasil es el país del boom, de las olimpiadas, etc. México el país de la violencia, de la crisis, del desempleo.
Desde mi punto de vista, entre los factores que deciden el éxito de un país como Brasil están: en primer lugar, la diversificación de la industria (Brasil tiene, por ejemplo, su propia marca de aviones, lo que quiere decir que en Brasil se hacen aviones y que todas las partes se hacen en Brasil y todos los niveles de los puestos ejecutivos se encuentran ocupados por brasileños o por lo menos tienen su asiento en Brasil). En segundo lugar, tienen un presidente de izquierda. En lo que respecta al primer punto, cabría recordar que desarrollo significa diversificación -cultural, económica, etc.- y el desarrollo en México será difícil mientras siga existiendo una visión monolítica o unilateral de las cosas (ante cualquier problema, siempre se forman dos partidos diametralmente opuestos, uno que defiende rabiosamente una cosa y otro que defiende con igual rabia exactamente lo contrario; por lo que se refiere a la diversidad industrial, JAMÁS podrá existir una industria compleja y diversificada como -por ejemplo- una compañía que haga aviones en México si las cuestiones más básicas -el pan, los frijoles, la cerveza, la telefonía- están sujetas a monopolio). Lo cual me lleva al segundo punto: lo del presidente de izquierda.
Lula es considerado muy críticamente por los brasileños; todo mundo sabe que no es perfecto, que es un presidente tercermundista, etc. Pero bueno, eso no quiere decir que en el momento de las elecciones no se hayan dado el beneficio de la duda: de pensar que podrían tener un presidente que, a pesar de no ser perfecto, pudiera representar a la mayoría de la población y no sólo a unos cuantos potentados, sin el miedo de terminar varados en una crisis económica o de sentirse una república bananera. Lo que nos lleva de nuevo al primer punto: en México estamos tan acostumbrados a compararnos con EUA, con Europa etc., tan acostumbrados a esperar y exigir que de una dictadura se creen de la noche a la mañana políticos impolutos que se nos olvida a veces abrir un poco el espectro de nuestras opiniones y ver la escala de grises, darnos cuenta por ejemplo de que en vez de condenar de tajo y de asumir una posición totalmente antagonista con respecto a la política (cayendo a veces en la falacia del Nirvana o de la solución perfecta, que consiste en “negar todo lo que hay en el mundo real comparándolo con una alternativa real y perfecta en.wikipedia.org/wiki/Nirvana_fallacy ) podemos tratar de analizar la situación y ver cuáles son las mejores opciones dentro de las que están a la mano -asumiendo una posición informada y lo menos monolítica posible (p.e. sabemos cuáles son los presupuestos y las consecuencias del modelo económico actual y sabemos que necesitamos cambiarlo urgentemente, aunque la persona que nombremos a ese fin no sea tan puro y virtuoso como María Candelaria o Mel Gibson).
Estamos acostumbrados a pensar que si de la noche a la mañana no somos como el principado de Luxemburgo, entonces lo único que queda es quejarse de la clase política y se nos olvida ver que hay estadios intermedios. Como Brasil.
Hazme el chingado favor!
Cortesía de Venustiano Sifuentes
