2010

Trabajo de hombres

Cada que en el trabajo nos otorgan nuestro merecido (sic) periodo vacacional, nos aprestamos a hacer un lista de “cosas por hacer”, generalmente hemos dejado rezagadas algunas cosas, so pretexto de “falta de tiempo”. Con el primer día hábil del 2010, empezó mi periodo vacacional, tenia ya dos semanas de desvelos, ocasionados por el pequeño tirano que llego a mi casa, así que mis planes se enfilaron a descansar, en pocas palabras, seguir la misma rutina que el pequeño Mauricio. Arrastrarme de la sala a la cama y en el trayecto leer alguno de los cinco libros rezagados, ver alguna película, y estudiar. Hice una pequeña lista de tareas que hacer en casa, ya saben, eso de hacerlo por ti mismo, ejemplo: poner el objeto ese donde colocas las botellas de vino, pintar las rejas de la casa, en fin, nada que fatigara demasiado, nada que me impidiera tomarme un buen descanso. Todo marcho bien… el primer día.

Mi casa (que no es la de uds. pero esta a sus órdenes) tenía un pequeño patio sin pavimentar, así que mi suegro, se ofreció a ayudarme a “echar el piso” “tsss, que tan difícil puede ser”, pensé. Así que, con el fin de ahorrarme una buena lana, acepte. Y esto fue lo que sucedió:

Escoger la vestimenta. Un pantalón de mezclilla, en condiciones regulares, voy a estar parado mucho tiempo así que mis tenis favoritos para correr y una camiseta cómoda.

Es la muerte. Termine con ampollas en las manos, ardiéndome por agarrar el cemento, me dolían hasta las tetas. Ni hablamos de cómo quedo la indumentaria que escogí de trabajo, creo que debí escoger la que estaba a punto de ir al cesto de la basura.

Es un trabajo rudo, y creo que mi suegro decidió ayudarme con tal de verme sufrir, el mendigo se reía y me decía, “no es lo mismo estar allá sumando dos mas dos y apachurrándole a la computadora, que hacer trabajo de hombres ¿verdad?”

Entre revolver la mezcla y el acarreo de la misma, creo que hice el ejercicio que me falto en todo el año.

Pasa una vecina, de esas que siempre quieres saludar, y yo embarrado hasta las manitas de cemento.

La comida puede esperar, el cemento no, así que mientras hubiera cemento remojado no había hora de comer. Así que terminaba a punto del desfallecimiento con un dolor de cabeza, y dolores musculares varios.

Con bebé recién nacido no se puede dormir muy a gusto, es cierto no llora, pero encender la luz, y el movimiento que implica alimentarlo, sacarle el aire, y cambiarlo, impide un buen descanso.

Nunca extrañe tanto la oficina.

Cayo una tormenta que desfiguro casi un metro cuadrado de cemento aún fresco, ¿eso es justicia divina?

Por fin terminaron las vacaciones. Y aquí estoy de regreso: Mal comido, mal vestido, mal dormido, y mal cog… digo en cuarentena.

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