Quise convencerme de que los días, destinados a hacer/decir algo específicamente no son para mí, quise y hasta me lo creí. Pero hacía o decía tal o cual cosa por compromiso. Sí, porque por ejemplo ¿Cómo le explico a mi madre que el diez de mayo es producto del consumismo? Así que cada diez de mayo, cuando cantó las mañanitas y veo la expresión de mi madre que no es la misma de noche buena, ni de su cumpleaños, ni de algún otro día en que le digo te quiero; tampoco es mi misma sonrisa, o cuando los alcatraces y rosas se asoman a la puerta de casa y mi esposa las recibe, no es la misma cara de un día cualquiera en que decido sorprenderla con flores, el ramo puede ser mas raquítico en fechas especiales, que en cualquier otro día, pero su sonrisa es mucho mayor. Cuando leo una carta una nota, un poema que me dedica, ¿como le digo a esa lágrima que se asoma que solo es producto del consumismo? ¿y que decir de las sonrisitas recolectadas a finales de abril?
Así que me deje de pavadas, y aprendí a disfrutarlo.
Esto a propósito del catorce de febrero, me importa bien poco si su origen es por una masacre o un hecho heroico, me importa mucho el significado que tiene ahora ¡¿no se jode siempre con “vivir el presente”?!
Siempre habrá pros y contras, pero hay algo que no se puede negar (aparte que los moteles están a reventar) y es que se necesita estar muy amargado, para no sonreír gracias a un detalle recibido en las fechas marcadas por el consumismo, la diferencia la hace la conciencia de lo que festeja. No es necesario comprar. Comprar no es sinónimo de festejar.
Decía quien no se sonríe, ante una cartita en la que se olvidan de tus defectos (en mi caso creo que se drogan cuando me escriben, solo así entiendo esa falta de objetividad) y te dicen lo bueno que es estar juntos, lo bueno de haberte conocido.
Yo recibo con agrado una visita que lleva pizza y una película, en casa habrá palomitas y las bebidas acostumbradas.
Yo veo con agrado las parejas mas enamoradas ese día, los adolescentes tomados de la mano luchando contra hormonas. Las parejas maduras con nuestros hijos en los restaurantes (gracias a días como estos algunas mujeres pueden “orearse” y escapar de su rutina).También veo con agrado y añoranza algo que deseo fervientemente, una pareja de viejecitos, todavía sonriendo, todavía tomados de la mano.
Veo con agrado las pruebas indubitables de que no son cancerigenos los días como estos.
