Al observar un poco el carnaval 2010: Los carros alegóricos iban gastando gasolina, las muchachas gastando energías al bailar, y los muchachos derrochando dinero por el 14 de febrero, todo esto en vano. En la machado parecía aniversario del día de la independencia y en algunos hoteles se les podía leer: “Se solicitan clientes”.
Una sociedad sinaloense aparentemente en bienestar, agüitada por la ausencia de personas, si antes el carnaval jalaba a más de 50mil personas de todo el estado de Sinaloa y otras partes del mundo, esta vez no jaló ni la mitad. Los baños de renta, que por lo regular cuestan 5 pesos, estaban limpios, creo que por la necesidad de clientes.
Aunque no viví los primeros carnavales, los que los ancianos pintan aun mejor, uno se da cuenta cómo de las reinas es dueño el dinero, que ya no gana la más bonita y simpática. Con tanta amenaza de masacre masiva, a las personas nos dio miedo salir a carnavalear.
En el carnaval se disfruta el sentido de la vista por ver a las chicas bailar; en las comparsas y los niños disfrutan la fiesta. Mis padres y yo nos dimos cuenta que el desfile se detuvo, así que decidimos sentarnos en el borde de la casa de la tía Chuy –mujer anciana que vive en el malecón-, en menos de un minuto de estar sentados, una psicosis de personas venía hacia nosotros, nosotros con un signo de interrogación imaginario sobre nuestras cabezas nos preguntamos qué había pasado, de pronto el hormiguero de gente nos alcanzó y querían entrar a la casa, nosotros sin saber por qué también nos pusimos sicóticos y dejamos pasar a la gente desesperada, buscamos a mis primitos de 4 y 2 años que estaban entre la bulla con su madre, un tío y mi padre los encontraron y los trajeron a la casa con un alivio alentador.
Yo me retiré de ellos porque tuve que irme de ahí por razones laborales, en el camino oía a los jóvenes alterados decir “en ese momento cómo se me antojaba un tequila y un puñado de yerba”, en el camión varias señoras y muchachas subían llorando y renegando por una generosa coca-cola para la presión. Por la ventana se alcanzaba ver a la gente correr entre el interminable tráfico de camiones. Uno de los relatos de los pasajeros decía así: “toda la gente estaba dispersa, las reinas de otros lugares y de otros años estaban tiradas en el suelo cubiertas de sangre, a una muchacha le calló una bala perdida ahí por el taco loco”, “aventaban granadas a las comparsas, nomás veía a los muchachos tirándose desde arriba hacia la playa, hasta un muchacho se estaba ahogando en el mar”, otro relato decía que habían matado a la reina y al centenario, mientras que otro más señalaba que sólo los habían herido.
El tráfico era eterno y las caras angustiadas se me contagiaban, las ambulancias sonaban fuerte y en la desesperación de no poder avanzar al hospital, por el tráfico, se iban por el sentido contrario a toda velocidad.
Al llegar a mi casa revisé en el Internet la realidad de la gran movilización desesperada de las personas, busqué en El Noroeste, pues me dije a mi mismo: “los medios no podrían mentir”. Sólo leí:
Hasta este momento, las autoridades afirman que fue un cohete el que espantó a algunas personas y esto hizo que empezaran a correr asustando a toda la concurrencia,
yo sólo pude decir “hazme el chingado favor”, ¿tanto policía, tantas ambulancias para un cohete? No puede ser, yo sí creo que haya pasado algo, le creo más a los relatos de las personas que supuestamente presenciaron algo, aunque uno no sabe con certeza la verdad, pero lo que sí es verdad, con certeza, es lo que Nietszche dice con cierto acierto: “la crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad”, todo eso me dije a mi mismo en menos de dos segundos.
Hazme el chingado favor!
Cortesía de julioko.blogspot.com
