2010

Que se note lo bueno

Uno de los usos y costumbres más consolidados en este país es el de gastar dinero que no se tiene para hacer obras, casi siempre inútiles y vistosas, en época de elecciones. Sin embargo esta práctica, a pesar de seguir vigente, se ha transformado de acuerdo a lo que dictan los principios elementales de la mercadotecnia. Así, unos cuantos meses antes de la elección el gobernador en turno y el candidato que él decidió como su sucesor, se reúnen con un equipo de estadistas y comunicólogos o relacionistas públicos y les piden que investiguen si la gente piensa que ellos (gobernador y candidato), en resumen, son buenas personas y útiles. Por lo regular, los resultados no son favorables, entonces, vuelven a invertir otros millones de pesos para saber si la gente piensa que los candidatos de la oposición, también son malas personas o tan inútiles como ellos. Lo que ocurre es que al final del día, el despacho de estudios de opinión, llega con un montón de datos que demuestran que ellos están más mal parados que la oposición; pero que se puede revertir si a la gente se le satisfacen algunos aspectos claves de sus impresiones personales que determinan la posición de los candidatos.

El problema con lo anterior es que, estos datos suelen ser expuestos como un resumen ejecutivo donde aparecen puntos como:

a) el candidato Gómez es percibido como una persona que no conoce las necesidades de las la gente de las zonas urbanas marginadas.

b) el gobernador Remolinos es percibido como un actor público que ha hecho poco por mejorar el aspecto de la ciudad.

Claro, casi siempre hay algún experto que estudió 15 años en Inglaterra y Estados Unidos, para decir: señor, lo que ocurre es que la gente está inconforme porque cada vez tiene menos trabajo, menos dinero, más gastos y más resentimiento con la idea abstracta de el gobierno. A eso, el gobernador avala la calidad de la educación del experto, y le dice que es importante lo que dice, pero que para los 2 meses de precampañas, es imposible solucionarlo. Así que optan por antiguas estrategias, y ponen a 10 secretarias a leer todos los periódicos estatales y locales con el objetivo de ubicar los grandes temas de la vida pública de la región. Después, se pasa esa información a comunicación social y estos se lo dan a otro despacho de mercadotecnia y publicidad, con la instrucción de generar propuestas creativas que cambien las idea de la gente sobre el gobierno.

El producto final es un espectacular que le cuesta al erario público unos 70 mil pesos, donde aparece un niño gordo durmiendo con una modelo que lo carga fingiendo ser su madre, y al lado algo como: 150 nuevos hospitales para el próximo año. También las hay del tipo en donde sale el propio candidato o gobernador que muestra una sonrisa grande, falsa y embellecida con photoshop, abajo trae una leyenda que dice, en esencia, que en tres meses a uno se le va a quitar lo pobre y al partido en turno, si no es de oposición el candidato, lo ineficiente; si es de oposición, el poder.

A título personal, creo que todo ese derroche publicitario es completamente inútil, porque, por lo menos yo, nunca he sido capaz de recordar cuentas escuelas dice el anuncio que se hicieron el año pasado, o a cuantos niños se les vacunó contra el sarampión durante los últimos cuatro años. Peor aún, en cuanto a los lemas de campaña, todos son tan parecidos, que estoy convencido que muchos se repiten entre candidatos de distintos partidos.

Pero eso no es todo, luego vienen las obras públicas vistosas y perecederas. Pongamos por ejemplo esta ciudad, donde el robo de monumentos con todo y placa, está de moda. Hasta el momento, recuerdo unos 4 personajes ilustres que han sido raptados impunemente. Pues bien, no me sorprendería que un día saliera el vocero de gobernación para avisarnos que a partir de mañana todos los ciudadanos podremos disfrutar de nuevo de nuestros personajes ilustres, con placas nuevas y un cobre más fino. Eso, reponer una estatua perdida, es una de las cosas más inútiles que puedo imaginar porque, si bien, hasta donde sé, la mayor función de una estatua es que sirve para que algunos funcionarios le rindan homenajes de vez en cuando; cuando éstas desaparecieron, fui testigo de que ni para eso son imprescindibles, pues los funcionarios le hacían homenaje, por ejemplo a Murillo Vidal, pero sin estatua ni placa presente, pues lo único que quedó de ese robo fue el pedestal de piedra.

Hay otras estrategias más ambiciosas, a largo plazo, éstas las suelen proponer los candidatos o los gobernadores que tienen más de 60 años, y el asunto casi siempre versa en: si me hacen caso con esta reforma, ahorita les va a doler, pero en 50 años vamos a ser primer mundistas.

Claro, los años que se le impongan al plazo en el que tal reforma tenga efecto, dependen de otros estudios de otros expertos que hablen sobre la esperanza de vida en la ciudad del candidato.

Cortesía de Diego

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