2010

La carreta

“Oiga amigo su carreta, no se le vaya a atascar, avísele a los yunteros que la vengan a sacar”…

La carreta de dos ruedas está atascada.

Hace ocho años, el Gobierno contrató al ex alcalde de Palermo, Leoluca Orlando, para poner en marcha el programa de la “Cultura de la Legalidad”.

En sus conferencias, Leoluca presumió de haber acabado con la mafia siciliana y de enfrentar a capos del calibre de Toto Rina y Bernardo Provenzano.

Dijo que había figurado, por muchos años, entre los primeros lugares en la lista de muerte de la Cosa Nostra, y que los mafiosos usaban por costumbre los valores del honor, la familia y la amistad para matar personas y a la cultura siciliana.

Comentó que el coraje cívico es la única forma de luchar en contra de la corrupción y el terror, y que la fuerza moral de los niños es el antídoto contra el crimen.

El siciliano puso el dedo en la llaga, al señalar que la mafia está presente en donde está la corrupción. Que la pobreza no es el origen de la ilegalidad, sino que la ilegalidad es la causa de la pobreza.

Dijo que la educación, la cultura y el derecho inhibieron más a los criminales, que los automóviles blindados y el armamento especial.

El eje de sus conferencias era la metáfora del carro siciliano de dos ruedas. Una rueda es la de la legalidad, la del orden, de la tolerancia cero, de la aplicación de las leyes; de la fuerza del Estado, que tiene como protagonistas a los agentes del orden, procuradores y jueces.

La otra rueda es la de la cultura, la rueda de la educación, de la formación y la información, cuyos actores son las escuelas, la prensa, las iglesias, las empresas y los organismos de la sociedad civil.

Una condición sine cuan non, para que el vehículo ruede parejito, es que ambos círculos giren a la misma velocidad, porque si no rotan a la vez, el carro remolinea sobre sí mismo pero no avanza.

Las enseñanzas de Leoluca se echaron en saco roto.

Durante años se le ha apostado a una sola rueda, a la rondana de la fuerza, de la violencia del Estado, de la seguridad pública, una rueda que anda desbalanceada.

El presupuesto para la seguridad pública se ha incrementado de manera brutal.

Paradójicamente, la ecuación resulta directamente proporcional: Más recursos: Más delincuencia; más agentes del orden: Más violencia. Más delincuentes: Más cárceles.

Se ha comprado armamento sofisticado. Se sacó al Ejército y a la Marina de sus cuarteles para combatir al crimen organizado, pero éste, en lugar de aplacarse resurge con virulencia.

La otra rueda, la de la calidad de la educación, de la oferta educativa, de la educación superior para todos, de la investigación científica y de la difusión de la cultura, también está averiada.

La carreta mexicana no progresa.

Sus ruedas están dañadas.

El dinero de la educación se gasta en seguridad pública, en soldados, en marinos. En lugar de libros se compran pistolas, tanques, helicópteros.

En lugar de invertir en escuelas, universidades, centros de cultura y de recreación, el gobierno construye prisiones. El Estado forma delincuentes y después los amontona en los centros de readaptación social.

Lástima que la teoría de Leoluca Orlando no se llevó a la práctica.

Con una sola rueda, con una rueda floja, la carreta no saldrá de la barranca.
Via: tvconsentido.com

Hazme el chingado favor!

Cortesía de jorge

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