2010

La ilusión de la clase media

Parece que toda mi vida no he conocido más que a gente de clase media. De hecho, lo más probable es que toda la gente leyendo esto se considere a sí misma como parte de la clase media. Por ejemplo, la gente que se me viene a la mente en éste momento y que alguna vez declaró abiertamente pertenecer a la clase media: el primer chico con el que salí (a pesar de que a veces no tenía dinero ni siquiera para pagar el camión y venir a verme, ya no digamos para ir al cine o a tomar una cerveza). O el tipo de la clase que, a pesar de tener dos coches a su nombre a sus 17 años, se consideraba como parte de la clase media porque no tenía tanto como su amigo que podía ir una vez al año a Ucrania a tener sexo con menores. O la chica que vivía en el pueblo en el que viví mientras estudiaba la carrera que tenía que cuidar a sus seis hermanos mientras su mamá se iba a lavar ajeno. Se sentía parte de la clase media porque ella y su familia podían hablar español. Además, tenían una televisión. En caso de duda, siempre puede recurrirse a denominadores más complejos como “clase media baja” o “clase media alta”.

La clase media en México es una doble ilusión. Sí: podemos entender por “clase media” a la clase social que tiene todas sus necesidades básicas cubiertas (educación, comida, vestido, esparcimiento, etc.). En éste sentido, no es la riqueza material de un país lo que determina su nivel de desarrollo sino el porcentaje de la población que pertenece a la clase media. Como sabemos por experiencia propia, es precisamente ese sector de la población el que empieza a desaparecer cuando una sociedad se desintegra. Sin embargo, aún en el caso de que en México la clase media en dicho sentido existiera, seguiría siendo una ilusión. La estrategia que se esconde detrás del concepto “clase media” consiste en tratar de asociarnos con los intereses de la élite y deslindarnos de la gente que en cada caso consideremos como inferior a nosotros. En época de crisis, por ejemplo: “está dentro de nuestro interés rescatar a los bancos, porque de su supervivencia depende la del grueso de la población”. O en México: “debemos de apoyar a la industria nacional, porque su prosperidad es la nuestra”, “el libre mercado beneficia a las grandes compañías y eso en última instancia resulta en un beneficio para todos” y todo eso a pesar de que las estrategias de dichas compañías son monopólicas y hostiles al consumidor. Cuando se habla de “populismo” o de políticas que intentan combatir la desigualdad, lo primero que se le viene a uno a la mente es contarse entre la gente que resultaría perjudicada por dichas políticas… después de todo, nadie quiere tener nada que ver con la gentuza que hace protestas etc. etc. Para ilustrar el punto les paso un extracto de una entrevista a Ulrike Hermann, quien publicó hace poco un excelente libro sobre el tema.

El ascenso social es hoy más infrecuente que antes. Sólo porque comen verduras a diario, no le ponen Kevin a su hijo y le leen historias en la noche, creen muchos pertenecer a la élite. Eso ayuda a ahuyentar el miedo al descenso social… éste descenso amenaza siempre que la clase media tiene que seguir pagando impuestos que privilegian a la élite.

¿No conoce entonces la clase media sus propios intereses?

Se siente más rica de lo que es en realidad. Quiere deslindarse de la clase baja y busca una alianza con las elites. Se identifica en secreto con los intereses de la clase alta. No la ataca, la protege. (…) Quien, para retomar el ejemplo, quiera lograr menos impuestos para la clase alta debe de darle a la clase media la impresión de pertenecer también allá arriba. (…) Interesante es, que los ricos en encuestas se incluyen en la clase media. Eso ayuda a esconder los limites entre arriba y abajo.

Hazme el chingado favor!

Cortesía de Mrs. Lot

labanda.jpg

Siguiente Entrada
Entrada Anterior


Siguiente Entrada
Entrada Anterior
336 Comentarios en “La ilusión de la clase media”