2010

Crónica de un viaje en el tiempo

Les cuento que hace algunos días asistí a la “celebración” que con motivo del 10 de mayo ofreció a las habitantes de Tultitlán, zona oriente, el diputado federal Israel Ledesma Magaña. El motivo por el que lo pongo entre comillas, es porque se convirtió en un mitín político a favor de Enrique Peña Nieto.

Se reunieron poco más de 5000 personas que después de presenciar un breve espectáculo ofrecido por “artistas” de la zona, durante el cual sacaron a relucir su nula educación, su falta de criterio y su desconocimiento del civismo y del respeto por el espacio vital de los demás, se dedicaron a vitorear al diputado como si del mismísimo Mesías se tratara.

Él, enfundado en la típica guayabera, subido en el templete, alzaba ambos brazos agradeciendo los vítores; después como en la familiar imagen de los políticos de los setentas, cargó y beso a un niño, repartió balones a otros, besó viejecitas allí reunidas y se ganó mayores aplausos cuando anunció la rifa de electrodomésticos, no sin antes gritar un discurso que lo dejó afónico, en el que dijo más o menos lo siguiente:

“Compañeros, agradezco sus genuinas muestras de cariño: Me es grato comprobar lo mucho que me quieren, a mi y al mejor partido de México, el Partido Revolucionario Institucional. Por este mismo cariño, les digo que si ustedes quieren, Enrique Peña Nieto será el próximo presidente de la República”. Hazme el chingado favor.

Yo no daba crédito a lo que mis oídos escuchaban, llegué incluso a dudar de el tiempo y el espacio en el que me encontraba. Pensé que había viajado en el tiempo y estaba viendo cómo en sexenios anteriores se compraban los votos con una pelota, una cubeta o una torta y un refresco.

Yo pensaba ingenuamente, que los mexicanos ya teníamos cultura política, que ya no nos hacían tontos, pero no es así.

Alcancé a oír que muchas de las mujeres que me rodeaban, se decían unas a otras que sí, que ojalá ganará Peña Nieto porque está muy guapo. Demás está decir que casi me convierto en asesina múltiple.

Apestan los políticos arcaícos, pero apestan más los mexicanos y mexicanas, que no ven más allá de su nariz y si lo permitimos, van a entregar este país al hijo putativo de Salinas de Gortari.

Cortesía de Parisina

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