2010

Sobre las humanidades en México

Cuando le dije a Guillermo que había decidido estudiar una carrera relacionada con las humanidades, su reacción fue la primera de una larga serie de reacciones semejantes con las que me toparía a lo largo de muchos años: “Pero te vas a morir de hambre!” y su expresión no sonó como una advertencia (algo así como “esas carreras aceleran tu metabolismo, así que no la estudies por favor porque en poco tiempo morirás de inanición”) sino como un deseo (“ojalá que si estudias algo por el simple hecho de que te gusta y por ningún otro motivo no tengas los medios económicos para salir adelante y tengas que joderte eventualmente como el resto de los mortales”.)

El tal Guillermo era un compañero de la preparatoria, narizón, seco y flaco tanto corporal como espiritualmente. “Ese tipo de carreras deberían de estar prohibidas en México”, me dijo “sólo deberían de existir ingenieros, abogados y médicos… la economía está lo suficientemente mal como para andar gastando dinerop en cosas que no sirven para nada”. Eso fué hace ya ocho años; ocho hermosos años que llevo en ésta carrera que a veces es tan ingrata (como todas las cosas bellas) y el hazme el chingado favor que lo que dijo me sacó en su momento se ha ido modulando con el tiempo… me ha dado mucho que pensar.

En esa época, siendo tan joven y rodeada de la gente con que me tocó vivir, pensaba que las únicas personas que merecen el derecho a respirar son las que hacen algo distinto, que se aparte de la rutina y la monotonía en la dirección que sea… el resto era para mí un gasto de oxígeno. Hoy en día sé que las cosas más inusuales están dentro de lo más familiar y cotidiano, que la gente más sorprendente se encuentra detrás de las apariencias más normales y que la gente que busca llamar la atención apartándose obviamente de la norma (léase Dalí, Tarantino y Cía. para hablar sólod elos famosos) son sólo raros en la superficie. Aún así, me parece que el pensar que las ciencias del espíritu y las humanidades no contribuyene n nada al desarrollo de un país (cosa que la mayoría de la gente en México piensa aunque muchso no lo admitan) es un síntoma más de la relación tan fuerte que tiene la gente con lo inmediato.

No planeamos, no pensamos a fondo, no procesamos conceptos abstractos (como el de crédito o derechos de autor para poner sólo ejemplos cotidianos) y le damos más importancia a lo que puede verse y tocarse que a cualquie otra cosa. Cuando vemos a un europeo y lo admiramos no admiramos en él más que la ropa que trae puesta o los aparatejos que traiga colgando. Pues bien, decir que loq ue hace a un país crecer son sus ingenieros y abogados (HECHF!) es como decir que lo que hace a los países desarrollados desarrollados son sus puentes y sus iPods y sus camionetas. Eso es sólo lo exterior, lo que puede verse… y loq ue puede verse no es más que la corteza o la parte exterior de todo lo demás. Y ese todo lo demás es el espíritu, llámense “buenas costumbres” llámese “arte”, llámese “literatura” llámese “lengua”.

El dejar de lado o descuidar las humanidades en México y ahorrar dinero para invertirlo en otras cosas esperando fomentar así de una mejor manera el beneficio de las mayorías es como dejar sin comida y vestido a tu familia para comprar la mejor pintura para la fachada de tu casa y una televisión de plasma para tu sala: simplemente no funciona.

Eso no quiere decir que mucha gente que está estudiando humanidades no necesite cambiar de actitudes y perspectivas. La verdad sé muy bien porqué Guillermo tenía las opiniones que tenía y porque votaba por el PAN y era en general un reaccionario de lo peor: su papá había dilapidado una verdadera fortuna familiar fumando marihuana y viviendo de “bohemio”. Ahora a sus 55 años trabaja de taxista por las noches y de día sale a andar en bicicleta con su playera de Green Day y a hablar de cosas intrascendentes con otro de sus amigos que está en las mismas circunstancias.

La gente que está estudiando humanidades tiene que darse cuenta de que no le está haciendo un favor a nadie por estudiar lo que estudia, que no son especiales o diferentes por el simple hecho de hacer lo que hacen. Que tienen que trabajar ocho horas al día y tomarse su chamba en serio si quieren ser tomados en serio y no pasársela en cafecitos y siendo alternativos como si gozaran de una licencia especial que los liberara de las obligaciones que todo mundo tiene. Y sobre todo nos e sientan víctimas de nadie. Verán que si siguen esos consejos todo les va a salir muy bien (se los digo por experiencia).

Muchas gracias pro leer y comentar. Cambio y fuera.

Cortesía de Mrs. Lot

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