2010

Adding insult to injury: a reflection on Oaxaca

Estimados amigos:

El refrán estadounidense de «adding insult to injury», que literalmente significa «añadir insulto a la herida», se ocupa para hacer referencia a una situación de injusticia doblemente grave: se usa cuando se da el propio hecho de la injusticia, y además otro adicional de desconocimiento de la misma, que es manifiesto para todos.

Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en el estado de Oaxaca contra sus pobladores en relación con los últimos hechos violentos ocurridos en la entidad, y muy en particular contra el sacerdote agredido Martín Octavio García Ortiz, quien se hizo víctima de la brutalidad registrada por defender pueblos indígenas opositores al establecimiento de la explotación minera canadiense en los linderos del poblado.

Lo peor del asunto es la actitud, de absoluto encubrimiento, mostrada por el arzobispo de Oaxaca en sus primeras declaraciones en relación con los hechos de privación ilegal de la libertad y virtual linchamiento que sufrió el referido sacerdote a manos de los golpeadores priístas locales, al servicio del gobernador Ulises Ruiz y la minera canadiense que pretende saquear el oro y la plata locales, con el total contubernio del gobierno del PRI.

La declaración del arzobispo Chávez Botello en relación a la agresión es un opropio para toda la Iglesia en Oaxaca y en México, y además contradice abiertamente el comunicado del titular de la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Oaxaca, Wilfrido Mayrén Peláez, quien señaló que el sacerdote-párraco de San José del Progreso, Ocotlán, jamás ha promovido agresión alguna contra esos pobladores que lo detuvieron y atacaron.

Resulta que el arzobispo se rehusó dolosamente a defender al párroco, ante los manifiestos hechos delictivos, declarando aún en contra del sacerdote que «si algún sacerdote comete un delito, es responsabilidad de él», en lugar de HABER DENUNCIADO la sistemática agresión que mantiene el gobierno contra los pueblos de Oaxaca, de lo que hay copiosas pruebas al respecto (fuente de la afirmación del arzobispo, publicada por agencia EFE).

—Claro que es mucho más fácil vilipendiar a la víctima, que oponerse al poder. . . ¡y más con la elección en Oaxaca encima!

La tendenciosa alusión del arzobispo a un supuesto «delito» proviene de la primera versión desmentida luego por ellos mismos que publicara a manera de «albazo» la procuraduría del estado de Oaxaca —también conocida como oficina de propaganda del PRI— en que inculpaba sin fundamentos —y antes de cualquier investigación siquiera—, a militantes de la coalición electoral opositora a Ulises Ruiz por la muerte del alcalde de la población y un regidor herido.

Luego, ante la ausencia de pruebas al respecto, la Procuraduría se vió forzada a desdecirse —o sea reconocer que había hecho graves declaraciones falsas y tendenciosas—, y a declarar literalmente que «aún no sabemos a qué grupo pertenecen las personas que atacaron al presidente municipal» (fuente: ibid.).

Eso sin mencionar que hay cuatro pobladores, opositores a la mina canadiense, que han resultado heridos de bala. Por supuesto que las balas provienen de los retenes ilegales que Ulises Ruiz y el PRI han establecido a lo largo del Estado para mantener el virtual estado armado de sitio contra diversas poblaciones indígenas, en particular las poblaciones triqui.

Basta recordar las mujeres y niños indígenas que recientemente fueron colocados por el grupo armado del PRI denominado «Ubisort» —responsables de la ejecución de las 2 indígenas triqui que participaban en la radio comunitaria— en el camino hacia el poblado de San Juan Copala, para con ello bloquear el paso de la segunda caravana humanitaria —tras de la primera, emboscada a balazos, que dejó saldo de un nacional y un extranjero muertos— que se dirigía hacia la población indígena carente de alimentos y medicinas, y con ello mantener el cerco terrorista contra dicha población y así asfixiarla a lo Israel contra Gaza.

Según testigos presenciales y reporteros independientes que quedaron prácticamente atrapados en la zona por la violencia paramilitar, el dicho grupo de gatilleros dispara noche y día desde cuartel militar aledaño al poblado, que está abandonado por el ejército, pero ocupado por los paramilitares (ocupación que ya es en sí misma un delito federal, no digamos ya las amenazas, privaciones de la libertad y ejecuciones que han cometido).

El punto es que aunque la procuraduría oaxaqueña luego se desdijo de sus calumnias, el albazo mediático sirvió para dar pié a que tanto los periódicos locales de vinculación priísta, como el arzobispo de Oaxaca, tuvieran oportunidad de dar lance de respaldo al statu quo que Ulises Ruiz mantiene en el estado mayoritariamente indígena, con la complicidad de senadores que se negaron anteriormente a reconocer en votación respectiva el hecho de inoperancia de poderes constitucionales estatales, que ha sido provocada por el terrorismo de Estado que el cacique mantiene en paralelo a las instituciones, y todo gracias a la mayoría en la cámara alta; gracias a la «aplanadora prian» que tiene secuestrado al país cual gigante San Juan Copala.

—¡Pues claro, si el PRI y el PAN tenían que apoyarse mutuamente en la dicha votación! ¡Si para eso son ambos la derecha protectora de «fueros y privilegios» tradicionales del país!

Mas concluyo estos comentarios de tristes noticias, dejándolos —en contraste— con un positivo comunicado que en el pasado firmara el propio arzobispo de Oaxaca, de fecha de 2006, en que el mismo exponía un acertado análisis y exhortación de la situación de grave deterioro sociopolítico del estado de Oaxaca.

Es una lástima que ahora con el correr del tiempo, por lo que parece, el arzobispo haya dado un cambiazo, que se haya «subido» al carro de las alianzas priístas de cara a las elecciones, al igual que a veces parecen hacerlo —para reprobación de la memoria histórica mexicana— algunos otros prelados ante el fortísimo cabildeo político que mantiene Carlos Salinas de Gortari a favor del PRI en el país, principalmente en lo tocante a las elecciones de 2012.
¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de El Inge.

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