2010

Días de guardar…

19 de Junio del 2010, mi papá abrió la puerta, todavía no ponía un pie adentro cuando me pregunto: ¿ya sabes quién se murió? , no contesté nada y él respondió: Monsiváis, apoyando su mano en mi hombro, sentí muy feo oír esa tristísima noticia, ya que admiro profundamente al señor Carlos (cosa que los más allegados a mi saben), el corazón se me apachurró, no le conteste nada, entré con mi familia a casa, al fondo la televisión encendida, transmitiendo la noticia del día, llena de comentarios y opiniones de lo sucedido, todos hablando maravillas del señor Monsiváis, lo mismo sucedía fuera de la TV todos tenían una opinión al respecto… yo solo me limitaba a escuchar.

Al final del día me disponía a descansar y tirar la hueva, aunque la noticia del fallecimiento me había pegado, sonó el teléfono alrededor de las 10 pm; era mi papá avisándome que pasaría por mí, que me acompañaría a despedir a Monsi. Me cambie de ropa, me puse unos tenis, nada formal, de hecho todo lo contrario.

Mientras llegábamos al Museo de la Ciudad de México, recordé las 2 ocasiones que tuve la fortuna de saludar y cruzar algunas palabras con el señor Monsiváis. Me acuerdo de la primera vez que lo vi en persona, fue en un café a un lado del Museo Nacional de Arte, en la calle de Tacuba, estaba sentado mirando la plaza; en su mesita estaba un refresco y el periódico, el estaba muy despeinado, después de saludarlo saco una bolsita de gomitas y de la manera más natural y sencilla me ofreció (tomé una gomita roja) miraba la escultura del caballo e hizo unos comentarios de su tocayo Carlos IV, otras personas se acercaron a él , parecía que disfrutaba todo el alboroto; la conversación terminó.

La segunda ocasión fue en un Museo cerca de la Alameda Central en la inauguración de una exposición realizada por Isolda Kahlo y “Los Fridos” (sobrina y alumnos de Frida Kahlo respectivamente). Yo tenía 17 años, de nuevo algunas personas y yo nos acercamos a Monsi, el platicaba de lo impresionante que fue para él ver por primera vez en persona a Frida, hecho que ocurrió en una manifestación a la que ambos acudieron. Fue extraordinario oírlo hablar, parecía que estaba leyendo.

Lo que más me gusta de Carlos Monsiváis es que era un enamorado de México y su historia, sobre todo del Distrito Federal con todos sus matices, irónico, humilde y sin pretensiones económicas, tenía sólo un objetivo en la vida; leer y saber, era brillante, experto en la biblia, pero ateo, amante de la cultura popular, cine, comics, artesanías, gatos, coleccionista incurable, defensor de los indefendibles, icono de la izquierda, que la entendía como una manera de mirar al mundo y no como la pertenencia a algún mediocre partido político.

Llegué en 20 min. al Museo de la Ciudad, los “viene viene” nos dieron un lugar, al bajar del coche preguntaron con un tonito característico al hablar – ¿ Quién es el muertito amiga?- Carlos Monsiváis – y ¿Quién es ese o qué? – un escritor. Después de contestarles pensé: Siempre te gustó la ironía Monsi.

Al entrar al museo estaba lleno de cámaras, flores, periodistas, coronas fúnebres, aplausos, su familia desconsolada, a un lado de su féretro su fotografía con uno de sus gatos, sobre el ataúd la bandera de México y la bandera de Arcoíris, múltiples personalidades hacían guardia de honor orgullosos.

Ahí me quede, solo como espectadora hasta que por la puerta principal entraron los mariachis, tocaron amor eterno y todos ahí le cantamos y aplaudimos, después llegó un trió interpretando los boleros favoritos de Monsi, en ese momento aproveché y tuve la oportunidad de poder hacerle guardia de honor , y ahí estaba yo justo a su lado después de 6 años de la última vez que lo vi en persona; entre intelectuales, artistas, funcionarios públicos, me tomé el papel del pueblo, pueblo que tanto quería, fue un gran momento para mi, diría memorable.

Sé que Carlos Monsiváis no es el único, tal vez para muchos tampoco el mejor, pero sí uno de los más importantes pensadores mexicanos, para quienes lo admiramos el mejor honor es leerlo, su pluma es inmortal, para quien no lo ha leído, léanlo búrlense junto con él.

Y como alguna vez “El Monsi” comento: “Bienaventurado el que lee y más bienaventurado el que no se estremece ante la cimitarra de la economía que veda el acceso al paraíso de los libros”.

Cortesía de La Chica Banda

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