2010

Soy Mexicano del montón ¿Y?

Antes de exponer esta parodia, debo aclarar que soy alto, guapo, con mucho dinero y acceso al lujo… o quizás, no…

Comencemos pues:

Todos en el mundo nos creemos únicos. En cierto sentido, esto es así: somos únicos a nuestra manera, tenemos moléculas y ADN que nos identifican y nos diferencian de los demás. Pero si hay que calificar a un tipo de poco singular, ese soy yo. Soy el perfecto ejemplo de persona “Mexicano del montón”. Y a decir verdad, me hace gracia esa definición, me recuerda a nuestros artistas famosos, muchos de ellos sin talento, e incluso, muchos extranjeros, que no la hicieron en su país, de los cuáles no recuerdo el nombre (como tantas otras cosas), pero que sin duda aquí en México son todo un éxito, creo.

Los del montón somos esos que están en el medio y nunca salen en la foto, el grueso de la población misma que, realmente, sin ellos, “el castillo se caería” o lo que es igual, el país no produciría y dejaría de ser lo que es; pero, al no estar obligados a tener otra aptitud que “estar ahí y sujetar, jalar, cargar, vender y “chambear””, cualquier otro puede ocupar su puesto.

Por eso, y sin ningún tipo de duda, estoy orgulloso de proclamarme “Mexicano del Montón”. Mirándolo desde el punto de vista optimista, mi clase está por encima de los necios, los feos e, incluso, de los burócratas. Por eso, debe quedar claro que no soy tonto. ¡Ni mucho menos! El problema viene de que uso mi ingenio para escaparme del trabajo, me encantan los blog’s en horas de oficina, uso mis capacidades para tener “cable” gratis, para saber dónde colocarme al subir al camión y quedarme justo en la puerta para poder salir bien en mi parada y no pagar; para no perder de reojo a la mujer increíblemente atractiva y verle el busto tras el escote mientras aparento estar leyendo la sección de bolsa ó de empleo en el periódico, al final me vale “madres” si hay alguna noticia relevante, voto como nulo en las elecciones y me encanta el futbol, y esto no es malo, solo que prefiero embrutecerme mientras veo un partido y discuto con mi compadre, mientras me “chingo” el gasto de la semana, y peor aún, nunca lo he jugado bien, ni siquiera con mis hijos.

Pero bueno, realmente uso mucho mi ingenio, pero para mi beneficio personal e inmediato, y la verdad, nunca haciendo planes de futuro.

¿Que cómo soy físicamente? Pues, … del montón también, como ya dije anteriormente. Estatura media, metro setenta y algo. Tengo unas entradas que parecen de zona VIP y una cuidadísima panza “chelera”, fruto de mi antes expuesto ingenio para los viernes después de las 2 y los domingos futboleros. Y, como llevo repitiendo una y otra vez, no me considero feo. Las mujeres, siempre sensibles y comprensivas, me incluyen en esa categoría de la que estoy incluso, ¡orgulloso! Y no, no me ofende cuando escucho a alguna decir que soy “del montón” cuando cree que no estoy escuchando. Por favor, lograr mantenerme en esta clasificación mientras los años van pasando, tiene su mérito, una cosa es ser un “don nadie” en la “secu” pero ahora, ¡me cuesta trabajo!

Un punto que me apunto es que, en definitiva, me sé expresar con las féminas, no suelo tener nada que perder cuando inicio una conversación con alguna de ellas, me sé, los más absurdos e inverosímiles piropos, perdí la vergüenza hace años: creo que mi habilidad lingüística me sitúa en primera división de los “Mexicanos del montón”.

Eso sí, a mitad de la tabla y sin tener nunca la posibilidad de ascender.

Dado mi aspecto que comento y bajo salario, al salir con los amigos me tengo que conformar con los restos que nos dejan los que no les hace falta hablar para conquistar a la chica. Al menos, suelen buscar grupos de “niñas” para que los demás intentemos “pescar” en las peligrosas aguas que nos preparan. Es impresionante que les baste con sonreír, y abrir la cartera, para que la chica caiga a sus brazos. Yo he probado a mirarme a un espejo y sonreír, pero siempre me veo con cara de pendejo.

De todas formas, como la belleza realmente está en el interior, yo soy bellísimo por dentro (“pus” ¡que me pelen! ¿no?). Y, como alguno de mis sonrientes amigos no es más que un “cabrón” que busca una mujer no ya para una noche, sino para unas pocas horas, a veces consigo triunfar con las defraudadas mujeres que éstos dejan por el camino. Realmente, casi todas mis “viejas” han sido de rebote. El problema es que, aunque interiormente sea un auténtico adonis y exteriormente tampoco sea feo del todo, mis novias se dan cuenta de la cruda realidad: soy Mexicano del montón. Todas las personas me ven muchas posibilidades, me dicen que soy inteligente, que debería explotar mis facultades, estudiar más, actualizarme, formarme en Ingeniería Informática, Robótica, o por lo menos darle uso a la “compu” diferente, que no sea al chat, el “face”, ó twiter, y que debo pensar en el futuro… Pero evidentemente, me acaban dejando cuando ven que mi actitud es la del placer inmediato. ¡Soy del montón!, ¡por Dios! Del mero medio de la tabla: que no pretendan que ascienda, ¿Que no ven que soy Mexicano?

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de ¡Vick!

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