2010

Tu opinión no vale… tampoco la mía

El domingo pasado salí de mi cuarto a eso de las 9 de la mañana cuando escuche que alguien llamaba a la puerta y nadie lo pelaba. Como algunos ya se abran imaginado se trataba de un testigo de Jehova. A diferencia del 99.9% de la población que no es de su religión y que no se molesta en abrirles la puerta, yo si lo hago y la razón es muy simple, se me hace menos engorroso que tener que escucharlos aporreando la puerta por horas y hacer como que no pasa nada. Después de todo en su mayoría son gente que no tiene ni idea de lo que te va a platicar y se limita simplemente a leerte el párrafo de la biblia que toca esta semana o en el peor de los casos hacértela leer a ti. El proceso no dura ni 5 minutos, normalmente y terminan dándote una revisita de la Atalaya, para que “platiques con ellos después”, cosa que nunca pasa.

Pero este domingo no fue uno de esos días “normales”. El señor entusiasta empezó platicandome de lo mal que esta el país, que si mucha sangre, mucha muerte, que si los narcos, que si lo desalmados sicarios, etc. y me preguntaba que si yo sabia la causa de tantos males. Le respondí secamente que la ambición por el dinero me parecía la causa. Nuevamente empezó a hablar ahora de terremotos, sequías, inundaciones, etc e incluso me aventó una perorata sobre el padre nuestro muy parecida a una cadena que había recibido curiosamente por e-mail, en la que te “explican” linea por linea su significado. Este cuento también lo conozco, normalmente terminan diciéndote que el fin del mundo se acerca y que debemos portarnos bien (no se si lo saben, pero según ellos uno de los síntomas de que se va a acabaran el mundo es el hecho de que ellos lo estén predicando).

Hasta ahí le estaba dando el avionazo, pero de repente me soltó una joyita que me hizo decir hazme el chingado favor. Estaba hablando de los gobiernos corruptos cuando me dijo: así es, y los gobiernos corruptos jamas se van a terminar, lo único que podemos hacer es aguantarnos hasta que el “salvador” regrese y los juzgue por sus pecados. Ahí no me pude resistir y le dije que si de verdad pensaba que tenia que esperar una intervención divina para mejorar el gobierno del país y me dijo: así es, de nada te sirve hacer manifestaciones, ni salir a quejarte ni exponer tu vida lo único que vas a conseguir es que hagan una matanza y ellos van a seguir ahí, lo único que puedes hacer es lo que dice la Biblia y aguantar las injusticias, mientras el gobierno no haga lo contrario de lo que ella diga. O sea, alguien aquí que lea la Biblia me puede decir, ¿en que parte dice eso? ¿De verdad eso piensan todos los Testigos de Jehova?

Le dije que me sonaba a esas personas que tienen un enfermo y que se negaban a llevarlo a un doctor por que iban a curarlo solo con “oración”. “Eso es diferente”, me dijo, yo también fui joven e impulsivo como tu, lo que pasa es que tu no entiendes por que no has leído la Biblia. Uh, bueno pues resulta que su Biblia, es diferente a la Biblia católica, la mormona y muchas otras, aunque él argumentó que la diferencia era tan solo de palabras sinónimas que cambiaban.

Intente explicarle que no se trataba de ir a correr por palos y machetes para linchar al gobierno, o que si así hubiesen pensado hace 200 años no habría Independencia ni nada que festejar, pero fue inútil, es que tu no has leído la biblia, era su respuesta para cualquier argumento. Al final simplemente me miro sonrió y me dijo: no tiene caso discutir lo que yo piense, o lo que tu pienses, al final solo importa una cosa, lo que dice la Biblia. Se dio la media vuelta y se marcho dejándome solo con una duda: ¿vale la pena volver a abrirles la puerta?

Cortesía de Alejandro

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