2010

El doble discurso

Resulta curioso ver cómo, cuando se trata de “defender nuestra imagen en el extranjero”, siempre evocamos el mal ajeno: tachamos a unos cuantos yankees de racistas por no aceptar a personas provenientes de México de manera ilegal –ilegal de acuerdo con sus leyes SB 1070 y similares, al igual que algunos conceptos, que difieren naturalmente de las nuestros, que aceptamos a cualquier persona sin importar su condición social- y nos rasgamos las vestiduras cuando algún caricaturista en el extranjero pone el Águila del escudo nacional acribillada. (Si mal no recuerdo, existían cientos si no miles de caricaturas semejantes hechas por mexicanos y nadie movió un dedo. Incluso recuerdo haber visto una hecha por un gringo donde cambiaban el escudo por una cucaracha comiendo tacos u otra donde decían que las mujeres mexicanas nacían embarazadas y ni quien se diera por aludido).

Lo más grave del asunto es que muchas veces quien evoca los derechos de los inmigrantes es la misma persona que de verlos en su patria no los bajaría de “lacras”. Basta con observar cualquier comentario sobre la fisionomía de un capo o de algún otro personaje que llame la atención y nunca faltará alguno que haga hincapié en ciertos elementos de su fisionomía tan “peculiares” para los estándares estéticos que siguen algunos individuos.

Peor tantito: no es por dar razón a nadie, pero la verdad es que asumir que toda la gente que se va de México es lo que comúnmente llamaríamos “trabajadora y buena” (al menos, que lo sea a los ojos de los gringos) es pecar de ingenuos. No nos tenemos confianza ni entre nosotros mismos de ordinario. Siempre que pasamos por los sitios más populares lo vemos como una carga. Haber, niéguenlo: pasen por las afueras del metro San Lázaro sin tomar medidas de seguridad y luego me cuentan sus impresiones. Obviamente cualquier precaución nada tiene que ver con discriminar a nadie, claro. Pero es obvio que los yankees, ellos con su trastornada historia de interpretaciones malabaristas de la Biblia, el destino manifiesto, la sociedad de consumo entre otras lindezas iban a reaccionar como lo suelen hacer ante el hecho de ver esa “pequeña gente café” sin tener la menor idea de su cultura o de su vida diaria.

Y lo mejor de todo es que muchos de los que ya están allá luego asumen posturas contra… la migración ilegal. Sí, como oyen. Hace unos años, según la revista gringa Newsweek en una edición de 1999, 28 de Agosto, la población en un lugar llamado Douglas (no recuerdo que estado) era en un 95% descendiente de “ilegales” y si no mal recuerdo la mayoría dijo al unísono: ya no vengan más latinos. HCF! ¿Dónde quedó la “solidaridad con los paisanos”? Es notorio que ciertos aspectos tristemente arraigados a nuestra cultura van con sus practicantes sea a donde sea. Llámese el “primero yo y los demás que se jodan”. Mismo que más de un criminal -de aquellos a los que sentencian a muerte allá y que aquí normalmente terminan asesinados por la competencia o hacinados en cárceles en espera de fugarse- tiene como lema de vida.

Similares cosas luego se observan con asuntos taaaan banales como las declaraciones de algún cantante italiano que en realidad es un nadie -al igual que la mayoría de figuras de revistas o televisión- o las cruces que hacemos cuando leemos que nuestra imagen en el extranjero es mala. Tales cosas no deberían de servir como bandera para nada. Mejor que tener una buena imagen en el extranjero es tener una buena sustancia para nosotros mismos. Que nos importaría lo que diga algún individuo en Taiwán, Camerún, Egipto o Lituania de “nosotros” –claro, porque somos los mismos que nos ensoberbecemos con cualquier tarugada como que tal actriz o tal autor o tal director de cine sea mexicano pero nos deslindamos de los criminales que son tan mexicanos como nosotros. Peor todavía: nos deslindamos de gente que juzgamos inferior por su “ser” y no por sus acciones- mientras NOSOTROS vivimos de la manera en que deseáramos.

Y ya que tocamos la fibra del “patriotismo” resulta también cuestionable que incluso recurramos a ciertas fórmulas y slogans propios del “enemigo” cuando de juzgar se trata: está mal cuando son de otros, bien cuando son nuestras. Eso es doble discurso. No podemos exigir a nadie, por más anodino, hipócrita e ignorante que sea, hacer lo que no estamos dispuestos a hacer. No podemos exigir a los yankees aceptar gente que nosotros mismos discriminamos y vilipendiamos o de plano evitamos. No podemos exigir a otros cambios mientras nosotros no cambiemos.

Y finalmente, aclaraciones: No estoy a favor de ninguna discriminación en EUA, España o donde sea a nadie por ningún motivo Mucho menos en este país, como se hace de cotidiano.

Cortesía de Desperdicio de Oxígeno

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