2010

Las cosas por su nombre

Es difícil de creer pero, muchos de los grandes problemas que enfrentamos en México existen por el simple hecho de que no les decimos a las cosas por su verdadero nombre.

Tenemos la tendencia de matizar la verdad utilizando nombres “menos feos” y menos directos, yo diría hipócritas.

Si utilizáramos los términos adecuados, las cosas “sonarían” tal cual son, sin maquillaje y entonces hablaríamos de la verdadera dimensión de lo que implican.

Por ejemplo, decimos “piratería” cuando en realidad deberíamos decir ROBADO, entonces no es lo mismo decir:
-Compre 20 DVD piratas, que decir
-Compre 20 DVD robados, así decimos la verdad aunque suene “feo”.

Decimos “aborto”, cuando deberíamos decir ASESINATO, como suena entonces:
-Fulanita abortó a su bebé, en lugar de decir:
-Fulanita asesinó a su bebé, como en realidad sucede, pero si decimos aborto no suena tan cruel como lo es el asesinar a bebés (algunos les dicen productos, como si no fueran humanos). Hazme el chingado favor.

En cuestiones políticas decimos que algunos funcionarios (diputados, senadores, policías, burócratas, etc.) son “corruptos” en lugar de decir RATEROS, además de añadirle el término “presuntos” como si en realidad no supiéramos que definitivamente algunos son rateros, de esta manera, podremos leer en las noticias algo así:
-Acusan a X funcionarios de ser presuntamente corruptos, en lugar de:
-Acusan a X funcionarios de ser RATEROS, sin el “presuntamente”.

Ahora está de moda decirle “gay” a alguien que le gustan las personas de su mismo género, suena mas elegante llamarles “gay” u “homosexuales”, como para no ofenderlos, pero a sus espaldas decimos de forma peyorativa que son “jotos”, “putos”, “puñales”, etc., pero frente de ellos no nos atreveríamos, es diferente pero entonces es hipócrita el utilizar términos de moda. ¡Hazme el chingado favor!

A las personas que deben utilizar sillas de ruedas les decimos pomposamente, “personas con capacidades diferentes” para no faltarles al respeto, sin embargo no respetamos los lugares designados para su uso, estacionamos el auto bloqueando las rampas en las banquetas, no les damos un lugar preferente, entre muchas otras cosas, entonces para que tanto “respeto” si la verdad es que no los respetamos, no les damos empleo, los limitamos mas allá de sus limitaciones físicas, pero eso si, nos referimos a ellos de una manera “elegante”.

A una persona ciega (que horror decirle así) le decimos “débil visual”.

A los niños les hablamos como si fueran tontos o retrasados mentales.

A los sordos les decimos “débil auditivo”.

A los borrachos les decimos “alcohólicos”, quizás para no herir sus sentimientos.

Decimos que alguien es de “carácter especial”, cuando en realidad nos parece DETESTABLE su forma de ser.

A los niños latosos les decimos “hiperactivos” o peor aún “niños índigo” como si fueran una gran maravilla.

En realidad, deberíamos empezar por referirnos a las personas tal cual, sin afán de ofenderlas, pero respetándolas realmente.

Deberíamos llamarle a las cosas por su nombre verdadero, sin maquillaje, sin matizar, de esta forma el sentido de lo que decimos y hacemos será el sentido real y verdadero con todo lo que implica.

Al maquillar la verdad con términos “más suaves”, lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos, creyendo que lo que hacemos o decimos no es tan grave como en algunos casos realmente lo es.

De esta manera, algunos de los problemas que enfrentamos actualmente, no existirían ya que evitaríamos decir o hacer algunas de las cosas que decimos o hacemos pensando que no son tan graves o tan ofensivas como en realidad son.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Jesús

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