Dentro de algunos 60 ó 70 años, si aún no nos ha caído un meteorito y nos ha extinguido a todos, si todavía no nos hemos matado entre nosotros mismos o todavía no nos han invadido los extraterrestres, tal vez tomaré un libro, lo abriré en la Pág. 47 y leeré algo como esto:
Corría el año 2010, el pueblo mexicano celebraba, irónicamente, el bicentenario de su Lucha de Independencia, entre altos índices de inseguridad, desempleo, ignorancia, pobreza, olvido, injusticia, impunidad y una violencia que se agudizaba cada vez más.
La Constitución política, era violada impunemente a diario por los actos de los mexicanos. El narcotráfico era la principal actividad delictiva y gracias a su bien estructurada organización y a la facilidad con que generaba riqueza, fue difícil aniquilarla. La violencia se había incrementado como nunca en varios puntos del país, básicamente por la desfachatez con que todo mundo prostituía y desconocía el amor a la patria. Las masacres de civiles inocentes, el asesinato de un ciudadano cualquiera, en un momento cualquiera, eran cada vez más difíciles de ocultar y controlar, se volvía tan obvio y común a los ojos de todos. Hacia el año 2010, Cd. Juárez, Chihuahua, era decretada la ciudad más violenta del planeta. México, el país más peligroso para los periodistas que pretendían hablar con la verdad. Las organizaciones delictivas se infiltraban con una irrisoria facilidad en todos los niveles de gobierno. La prensa era manipulada en su totalidad, por unos cuantos. Para entretener a la gente, expandir la ignorancia y/o simplemente proteger intereses particulares, la TV era una máquina de hacer escándalos. El único medio para difundir información veraz, era el recién llegado Internet, que a través de blogs y canales de video, fue aprovechado para mostrar la realidad que otros maquillaban, convirtiéndose de inmediato en una válvula de escape, para aquellas generaciones que apenas la descubrían.
La corrupción, en su modalidad de soborno, parecía emanar hasta por las alcantarillas, tan pestilente por naturaleza, tan dañina, tan practicada en todos los estratos sociales, era un mal arraigado hasta el cansancio.
Algunos términos como patriotismo, justicia, equidad, democracia, honradez, eran sólo briznas de hierba seca, llevadas de acá para allá, por las ventosidades salidas del ano de los políticos, precisamente políticos y servidores públicos, a quienes se les había encomendado velar por los intereses del pueblo, los mismos que habían jurado lealtad a la nación, se habían convertido en una vil plaga, despreciables parásitos que saqueaban descaradamente y sin ningún recato, millones y millones de pesos del erario público.
No cabía duda que una nueva revolución acechaba como merodeador nocturno, sin embargo, el pueblo parecía aletargado, como anestesiado para soportar, tan cínicamente, más violencia, más dolor, más abuso, más injusticia, más locura. Hasta que un día, inexorablemente, como suele suceder en las revueltas, sin que nadie lo imaginara…
¡Hazme el chingado favor!
Cortesía de Napo
