2010

El caso del curioso mexica impertinente en Asia

..una democracia blandengue como la nuestra nos hace desear una dictadura, vean el caso de los chinos, no piensan, no hablan, solo obedecen…

Decía el finado German Dehesa que una forma de reconocer a los mexicas en el extranjero era la pose que estos agarran cuando ven un asiento libre: se sueltan nomás y dejan la humanidad desparramada en el sillón, silla o promontorio rocoso donde el cansancio o desidia los encuentra; pero la neta hay tantas formas de mirar a los paisanos en el paisaje ajeno que he decidido ingresar al salón de la fama de los lugares comunes del mejicano con las siguientes: el mexica, además de ser metiche o curioso, es impertinente, o sea una grado superlativo de la metichería pazguata. Y aunque no hay muchos mexicas donde vivo (y no es, aclaro, defensa autóctona del ombligo y su soledad al decir de tata Paz) he reconocido en mi mismo esa especie de duda metódica de las preguntas sin respuesta.

Seré más claro. He vuelto de una clase de redacción para extranjeros, en este caso chinos, donde me he visto asediado por preguntas tan pendejas que por ratos pensaba que estaba con los consabidos alumnos mexicas de siempre. Yo, tonto e iluso, trataba de explicarles a los chinitos, silenciosos y taimados desde las rendijas de sus oclayos, la necesidad de escribir para aprender a escribir, pues aunque suena lógico este procedimiento, e incluso natural, hallo que nomás la educación en China, como en la de México, da palos de ciego.

Y debo creer que un chino ciego es peor que un ciego de otras latitudes. Pues resulta que no, que no querían escribir si antes no les daba un instructivo (las explicaciones orales no sirven). Ya parece que cuando quieran coger se les va a ocurrir pedir indicaciones (aunque como el partido comunista les dice cuando hay que hacer o sentir las cosas, pues no se cuando se les antoje…) En fin, después de un amago de rebeldía me dijeron algo muy marciano: mi clase era para enseñarles el modo de escribir, pero no para escribir, que para eso tienen otro semestre, es decir, yo tenia que enseñarles a calentar los motores de la composición, pero no obligarlos a escribir, después de un ratote de explicarles (o tratar de explicarles) esa idea “natural” de aprender a escribir escribiendo, descubrí que el necio e impertinente era yo.

Y una voz proveniente de mi propia inconsistente conciencia me dijo: “no manches, si ni siquiera en tu país se puede enseñar a escribir, ¿que piensas hacer con estos pendejos?”

Era encantadora la cuestión porque el nombre de la clase, lo que me confundió mucho, debo reconocerlo, era redacción de tesis, y entonces pensé que mi propia idea de redacción estaba anticuada, fuera de circulación o simplemente existía en unos de esos universos paralelos que gustan tanto a los gringos y sus series de sai fai…

Y es que lo mas curioso es que cuando vine a China, pensaba en las penas y desmadres que había vivido allá: que debes ser rígido con los alumnos, pero no al grado de molestarlos, que debes estar capacitado para dar alguna clase, pero al final lo que cuenta es la opinión de ellos, que no importa como te portes en publico, sino como te lleves con tus cofrades y superiores, que parezcas listo, pero no demasiado, porque entonces eso ya es pasarse de listo o de tueste lo que no es del todo agradable porque alguien con tres dedos de frente y un pelín de sentido común es una arma letal, un virus ponzoñoso en el territorio de los zombis que sin vida zumban cual zancudos o celular puesto en vibrador o yo no se como en el gremio educativo para, al final, después de tantos consejos y reprensiones te dan una patada en salva sea la parte (iba a decir culo, pero me aguanto). Y os digo, que cuando pensaba que me había librado de todas estas frases de lirismo azteca (la paradoja que vivimos en México todos en esta y otras áreas), pas, me encuentro con otras de pareja jaez, como si esto de las paradojas interculturales fuera el pan de cada día y te lo tragas o no te lo tragas.

Y entonces, ya en plan me vale madres empecé a pensar en las condiciones tan distintas de un país a otro, pero con los mismos resultados. Por ejemplo, en México hay toda un colectivo de monosabios que siempre se inventan cosas sobre educación y didáctica y cosas que nos sacaran de la barranca, y entre devaneo y devaneo, cascaritas retóricas y proyectos y demás siempre nos quedamos a media cancha, diciéndonos que solo nos falto el gol, pero que la técnica era insuperable; programas van y vienen en una cruzada educativa que lo único que le falta es educar en serio y sin tanto protocolo (aunque es natural teniendo ese tumor gigantesco llamado SEP chupándonos la sangre), porque la técnica asfixia el sentido común, es decir, los mexicas somos aficionados al baile de salón, a la jerga oscura y redundante, pero no a las acciones concretas, pero, en honor de la neta, en China es igual: pero lo que nosotros hacemos con aspavientos, con gritería e ínfulas de atrio en carnaval, los chinos lo hacen en silencio y siguiendo las herméticas reglas del sentido común (al menos el de ellos aclaro) donde la erección de un edificio, la gestión para sembrar un árbol o cualquier cosa por insignificante que esta sea tiene que pasar por un tedioso sistema de burócratas y por cientos de papeleos para el mismo resultado: el espíritu del instructivo como idea circular, que no lleva a ningún lado mas que a ser archivado o como modelo para otro instructivo cuya aplicación concreta nunca se sabe.

Este sentido de orden, de reglamentar todos los movimientos tanto educativos como civiles, este control obsesivo hace que si México fuera para Vargas Llosa la dictadura perfecta (ahora ni eso porque nuestro próceres están tan descoloridos o descolocados), China es el paraíso de los burócratas y del sinsentido.

Vuelvo a mi tema. Pues resulta que además de esta incongruencia de trabajar sin descanso día y noche (en China se derriban construcciones y se recolocan postes no por ser necesario, sino porque de ese modo la gente se mantiene en actividad incesante: ahora mismo, desde la madrugada, oigo los tamborazos de un edificio que se esta construyendo afuera de mi casa), la educación no cuenta con planes ni con nada que para nosotros es indispensable: pasas el examen, estas libre; no lo pasas, pos no. (Una nota periodística de principios de año decía que el engaño y la transa harían imposible el avance de la investigación en China, cosa que a ellos no creo que les importe mucho…)

En mi caso, y considerando todo lo que uno tiene que adivinar de ellos si trabajas en el sector educativo, descubro que los chinos encierran tras su cortesía habitual una gran dosis de mala leche, porque están tan acostumbrados a guardar secretos que nunca te dirán nada ni para bien ni para mal, solo te miran, con esas rendijas de sonámbulos a ver a que hora la cagas, como yo que no sabia que en China para escribir hay que primero seguir un informe, copiarlo por triplicado y después, si queda tiempo, buscar una fecha para que los estudiantes decidan hacer un trabajo que no dura más que un par de horas (y una vez autorizado, se baja de Internet y ya esta…).

Y mi voz (ha vuelto) me dice: y si este país es un líder mundial, que chingados estamos haciendo en México para dejarnos ningunear por el hormiguero amarillo, o como decía alguien hace poco, una democracia blandengue como la nuestra nos hace desear una dictadura, vean el caso de los chinos, no piensan, no hablan, solo obedecen…

Así que si vamos a ser impertinentes y volvamos a las viejas reglas del juego, en educación y en el gobierno…

Cortesía de Mariano

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