2010

Las luces de neón se extinguen.

El ocaso esta cerca, mientras unas nubes blancas son inyectadas de sangre por los rayos del sol, toman ese color rojizo o naranja antes de volverse oscuras con la huida de la luz.

Mientras veo este fenómeno natural al que, naturalmente, me he acostumbrado y por lo tanto me pasa desapercibido la inmensa mayoría de las veces, pienso en las luces de neón rojas que empezaran a encenderse, anunciando que el bullicio de la noche va a empezar, y que los nocturnos empezaran a vivir, mientras los diurnos vemos como nuestro día se acabo, hoya haré una excepción.

Circulo, con mis ojitos (rendijillas apenas abiertas) atentos para descubrir esa luz, y nada, por allá veo una luz de neón violeta, anuncia una estética, allá otra reza: “Open” una casa cambiaria. Y es todo.

Aquí la sexta es el lugar oportuno si quieres bullicio, fiesta, alcohol, chicas por doquier, galanes al por mayor y jaurías de policías, ni un letrero con luz de neón roja, bueno solo uno “La Estrella” ese lugar es de los mas antiguos, asentado antes del recién boom de la Sexta, dicen que ahí las doñitas le pagan a los chicos por bailar, no sé si vertical u horizontalmente, quizá ambas formas. Los nuevos antros no se anuncian con luz de neón roja. Ya no me siento agusto, ya no son discos, ya no son bares, son antros y sin luz de neón roja.

Entro a un antro, el “más vacío” no tiene mesas disponibles, me hago un lugar en la barra, el personal no conoce a nadie por su nombre, pero todos entienden por wey. Yo siempre fui “El Awelo”, y así me decían los bartenders : Paola, Miguel, El Machuca, La Eli, etc., sabían cual era mi mesa, siempre cerca de la de billar y la rocola, aquí la música es buena, pero eligen mal, canciones que conozco y acompaño, pero con otra voz, un cover malo. En mi bar la botana era parte del atractivo, sustanciosa carne asada, mojarras fritas, nachos con carne, aquí unos viles churros cuestan más que una cerveza, aunque la cerveza es barata. Los chicos no disimulan para esas caricias lascivas que se hacen a ojos de todos, en mí bar había la hora romántica, con música para rodear la cintura de tu acompañante y así cuerpo a cuerpo bailar cadenciosamente, si una chica bailaba así contigo significaba algo, aquí el baile es sexo con ropa y significa absolutamente nada, aquí en una bola un gañan toquetea una muchacha y esta sigue su curso, nada pasó, en mi bar hubiéramos sacado a patadas a ese cabrón, aquí las meseras aguantan borrachos, los jóvenes prepotentillos, buchones o mangueras, en mi bar todos éramos proletariado, o se disfrazaban de, todos éramos amigos y jugábamos cubilete, todos ganábamos, solo que uno pagaba mas. A veces las meseras me recompensaban con un beso o su compañía, así nomás por química, aquí el borracho de al lado platicaba con su compa, quería ofrecerle cuarenta dólares a la mesera por sexo.

Termino mi cerveza, la fauna no es aburrida, pero salgo, me refugio en uno de mis bares, los pocos que todavía quedan, ya no tiene luces de neón, veo otras caras, mas jóvenes, las mismas meseras pero un poco hartas, ya no sonríen ni platican como antes, me ven y saludan, ya no es lo mismo, dicen, ahora hay chicos hacen su desmadre y apenas cruzan palabra con la mesa de al lado, necesitan estar demasiado borrachos. La fauna joven es voraz y a los viejos nos relegan, un chico se me cuelga del brazo y me dice salud, apenas le entiendo, balbucea, sus compañero de mesa ríen divertidos, lo acompaño y lo siento, las chicas son guapas, ellos ya demasiado ebrios. Me voy a la barra, éste ya tampoco es mi bar, en mi bar nadie era un desconocido, ni siquiera el recién llegado, y no se necesitaba embriagarse, había eso que se llama camaradería, estos chicos ven a todos como rivales, quieren quitarle las chicas a los demás y viceversa. Recibo la llamada y salgo, ya era hora de compañía en un lugar que no es el mío.

No, no es que sea malo, es simplemente nostalgia de las luces rojas de neón.

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