Dentro de un burdel y sin disputas
una noche de juerga
medio pedos, bailando con las putas
se encontraban seis hijos de la verga.
Bailaban y tomaban con descaro
y en medio del relajo aterrador,
de vez en cuando oías el disparo
de algún hediondo peDo tronador.
Los ojos denunciaban la tristeza
los rostros denotaban amargura,
y a pesar de las putas y cerveza
la sala estaba tétrica y obscura
¡Que se brinde por algo! exclamo Rosa,
que de las putas fue la más sabrosa;
estamos aburridas y esta sala
siempre ha sido alegre y bulliciosa,
¡que se anime esta noche de gran gala!
La idea fue aceptada: ¡Sí, brindemos!
¿Por la mujer?, eso ya es viejo,
mas, ¿por qué?, por los culos, ya los vemos;
además es brindar a lo pendejo.
Una voz varonil dijo de pronto:
¡Por la verga, compañeros!
Ya que por saciar instintos fieros
me he portado con ella algo inhumano.
Brindemos porque ella crezca,
que nunca la doblegue ningún mal,
porque de ella jamás desaparezca
su arrogancia y hermosura sin igual.
¡Bravo!, dijeron todos,
inspirado por tu verga has estado;
el turno es de este cabezón adinerado
que fama tiene de coger parado
“Bebo y brindo, clamó el interpelado,
por mi arrugado chile que ya empieza
a sentir de su trabajo la dureza,
y no quiero decir que está cansado,
pero ya hasta le duele la cabeza”.
¡Por mi pito!, que cuando hay motivo
quisiera erguirse como ayer altivo
y a pesar de mi furia, ¡qué tristeza!
ni tan solo un instante se endereza.
Yo brindo, dijo Juan, por esta verga,
que dio para Minerva
un torrente de leche llenadora,
y por esa mujer que por mi verga llora.
Brindo porque mi verga con esmero
llegue entre sus piernas al agujero
fragante y exquisito que ahí guarda
una mujer ingrata,
que al negármelo, me mata.
Porque duerma con ella entrepiernado
y me deje besar, aunque de lado,
sus piernas que me causan embelesos;
vamos, porque cada noche que se escapa
me deje en el buró mis ocho pesos.
Siguió la tempestad de obscenidades,
como que gente sin educación hablaba
y a ninguno de ellos importaba
referir todas sus blandidas
Se brindó por la verga, por las putas
por las sabrosas frutas
que a probar aún no han dado las doncellas
por las puñetas de los verdes años
que han venido a tornarse en desengaños.
Sólo faltaba un brindis, el de Alejo;
de aquel padrote viejo
de ojos apagados y sin brillo
aquel que sin ambages declaraba,
que sólo ambicionaba
mamarles a las putas el fundillo.
Por todos secundado, alzó la copa,
y ante la fiebre loca
de padrotes con verga de jumento,
desabrochose la bragueta
y dijo así con lastimero acento:
“Yo brindo, compañeros, por la verga,
maás no por esa que puede en una noche
de dos litros de leche hacer derroche,
no por esa que os hace ver la gloria
cuando estamos sobre una puta pobre
echándole muy adentro nuestra escoria.
¡Yo no brindo por ella! compañeros,
siento que por esta vez no os complazca.
¡Yo brindo por la verga!, por la mía,
por la que fuera delicia de mi tía,
que siendo honesta y fría,
acabo dándome ambos agujeros.
¡Por mi verga, padrotes!
mi verga que ya nunca se me para
ni pasándola por nalgas ni por piernas
!por mi chile!, un pedazo de pellejo
y por este padrote, ya muy viejo….
¡Por mi verga!, tan bien amada
que en un tiempo feliz fuera muy fuerte,
y hoy me obliga a dedicarme a la mamada
eternamente… hasta la muerte.
¡Por ella brindo yo!, dejadla quieta,
dejadla que detrás de la bragueta
ande oliendo de mi culo la cagada.
¡dejad mi lengua que trabaje ahora,
dejad que encuentre consuelo en la mamada!
Por mi verga feliz cuyas hazañas
de fino joder probó alegrías,
y hoy marchita se esconde entre las nalgas
flácida, fea, arrugada y fría.
El padrote calló; ningún acento
profanó el sentimiento
que en el tétrico ambiente aquel flotaba,
pues cada quien en su interior pensaba:
¿Tendré que dedicarme a la mamada?
¡Hazme el chingado favor!
Cortesía de Rudy
