Siempre pensé que darle el Nobel de la Paz a Obama fue cavar su tumba política. Aparte de que el hombre no ha hecho nada por frenar ninguna guerra. Es más: ni siquiera puede.
En Estados Unidos no son populares los pacifistas, pues su economía está cimentada en la venta de armas (y en robarle el petróleo a otras naciones, en generar dinero de la nada, en endeudar países pobres, en rescatarlos con préstamos imposibles de pagar para poder así quedarse con sus recursos naturales, etc.). Por eso pienso que Obama no será reelegido. Bueno, aparte de que los gringos –no todos- están tan puñetas que lo creen socialista, y esa palabrita les da pavor.
Recuerdo el día en que todos los mexicanos pensaron que al llegar Obama a la Presidencia de los E.U.A, las cosas para México iban a cambiar, iban a ser mejores (pero el mexicano promedio piensa eso hasta cuando gana su equipo pedorro de fútbol).
“No habrá más racismo contra los migrantes porque él es un negrito”, decían unos. “Por fin se va el pendejo de Bush y toda su familia genocida”, decían otros. “Se está cumpliendo la profecía del Papa Negro, pero en vez de un Papa, es un presidente negro”, decían otros más locos.
Recordé esa idolatría enfermiza hacia Obama porque un lector me mandó esta imagen que me hizo decir Hazme el Chingado Favor.

