Cuando me llevé una a una las doce uvas, mi mente no logro pensar en algo concreto como propósito a realizar en este, recién estrenado, año. Vi como mi familia deglutó las uvas y emocionada me animaba a terminar, así que las agarré y me las comí, las disfruté por su sabor, pero no había pensado en propósitos a realizar.
Hasta ahí había jugado con las posibilidades de mi destino, el futuro es en gerundio. Así que mis propósitos, mis metas, siempre han sido encaminadas a un logro personal, a poder ser algo. Ya hace rato abandoné la idea de ser astronauta, pero tenía otros sueños/metas, a pesar de tener un trabajo estable y un salario decoroso, como meta me había propuesto ascender, para lo cual hay que estudiar y eso es casi recluirme y abandonarme del resto del mundo por unos meses, cursos y cursos se convirtieron en el caminito para lograr un propósito: ascender.
La finalidad de ascender y luego de ascender querer seguir ascendiendo, era para darle algo mejor a mi familia, para eso me metía a cursos después del trabajo, y llegaba a en la noche, para eso le decía a la nana “Hoy la mamá de Mauricio pasará por él, yo llegaré tarde”. De repente cuando tu vida va a dar un giro de ciento ochenta grados resulta que no, que fue de trescientos sesenta y te pone donde mismo, pero con una visión de las cosas distintas… y ves.
Para que quiero ascender y luego volver a ascender? Para darle algo mejor a mi familia…no la verdad no, la verdad tenía el chip materialista, aunque yo fingía que no me doy cuenta de que lo único que quiero es acumular más mierda material, mas dinero ¿para darle algo mejor a mi familia? No, la verdad es una ambición personal, “él si pudo”. Y hay tantas verdades y resulta que al último en un reducto atrás de la franqueza, casi a lo oscuro esta esa otra verdad: darle algo mejor a mi familia.
Así que invierto el orden, y para poder darle algo mejor a mi familia, me fijo una meta, un propósito, una convicción: ser padre de familia, ser esposo, ser hijo, ser tío, ser hermano, ser nieto, ser primo, ser amigo, ser humano.
No es un propósito que voy a lograr en este año, más bien, que empiezo este año. Sucede que es mucho más fácil quedarte en la oficina, incluso horas extras, a realizar un trabajo mecánico, es mucho más fácil pretextar que trabajas o estudias por un futuro mejor, por eso no estas en el presente, por eso no puedes jugar a la pelota, por eso no lees cuentos, por eso en las reuniones familiares no acudes o te vas temprano, porque es mucho más fácil argumentar “es por tu mejor futuro”. Si, es mucho más fácil la promesa de un futuro incierto, que la certeza de un presente tangible.
No tengo doce uvas a mano, ni paso una estrella fugaz, no me encontré un trébol de cuatro hojas, ni me sentí iluminado de repente, sencillamente he decidido invertir el orden y quiero hacer un mejor presente, porque de que sirve un cadáver preparándose para un ascenso, de que sirve el recuerdo de un “alguien” estudiando para un mejor futuro, ¿de que sirve? Por supuesto el reconocimiento infla el ego, la familia se siente orgullosa de uno, ¿y luego? ¿Y el tiempo perdido? el tiempo perdido no garantiza que viviré lo suficiente para ver ese mejor futuro.
Que la muerte me encuentre después de robarle una sonrisa a mi familia y no después de meses que no me vieron, preparándome para un examen que no alcance a presentar.
Hacer un mejor presente y disfrutarlo, ser padre de familia ser esposo, ser hijo, ser tío, ser hermano, ser nieto, ser primo, ser amigo, ser humano, lo demás será si tiene que ser, sino estaré rodeado de cariño… creo que es un buen anhelo.
