2011

Enrique VIII y las bodas reales “haigan sido como haigan sido” o lo que es lo mismo: Más atole con el dedo

Por lo regular, la vida privada de los individuos me tiene sin cuidado. Me parece que cada quien es libre de hacer lo que le de la gana, siempre y cuando no sea en perjuicio de sus semejantes o de su nación.

Sin embargo, cuando los individuos son fuertes candidatos a gobernantes de mi país y uno de ellos es ya funcionario público por elección popular y se casa en una casa de Gobierno, la situación se vuelve del Dominio Público y me siento obligada a observarlos para saber en manos de quién dejaría o no la presidencia de este país que amo profundamente.

He tenido entonces que mirar esa vergonzosa farsa, esa tomadura de pelo de la boda de Enrique VIII (perdón, Enrique Peña Nieto) con la linda, virtuosa y amada de todos “Gaviota” para conformar una familia perfecta de gente decente, con hijos amados, y buenos padres católicos, dignos de dirigir a nuestro país.

Me manifiesto en contra porque nada me molesta más que la mentira. Sonaré muy moralista porque voy a utilizar como referencia las leyes del clero católico; clero cuya venia han conseguido “haiga sido como haiga sido” para poder casarse. Cuando se harten de mi discurso, piensen que la católica no soy yo y que todo lo que diga ya estaba escrito y que los desesperados por casarse por la iglesia eran ellos.

Así que aquí vienen, otra vez, más embusteros.

Enrique VIII decidió con el poder que Dios le confería, darle la espalda a Roma e instaurar a su conveniencia una nueva religión en Inglaterra, ya que la Católica se negaba a concederle su capricho de anular un matrimonio de años con la reina Catalina para poder casarse con su amante. No le importó si de paso convertía a su primogénita en una bastarda sin derechos. Eso se repitió algunas veces más. Enrique VIII tenía fama de “matar” a sus esposas.

Enrique Peña Nieto no tuvo que llegar a tales extremos (lo de matar esposas no sé; nadie lo sabe) porque para su fortuna y la de los poderosos la Iglesia Católica se ha vuelto cada vez más manga ancha en cuanto resuena el dinero.

Si usted tiene dinero y poder, no importa si estuvo casado 20 años, como Sahagún y tuvo 3 hijos o si vivió en pareja durante 14 años y después se casó por la Iglesia y el Civil como Angélica Rivera; no importa si el matrimonio se consumó, si tuvieron hijos, si juraron públicamente amarse y respetarse. Si usted tiene dinero y poder, la Iglesia encontrará un argumento perfectamente válido para anular o invalidar su matrimonio. Cuantimás si usted es el candidato de la tele para gobernar a un país Católico, ignorante, supersticioso y fanático de las “estrellas”.

Desde que está en el poder, Enrique Peña Nieto no hace más que exaltar el respeto a las Instituciones; el dijo que “la grandeza de nuestro país tiene sustento en la unidad de su gente, al igual que en su fortaleza y el respeto de las instituciones”. Aquí demuestra su respeto a las instituciones. En este país “laico” ¿no era suficiente y respetable casarse por las leyes civiles? ¿Había que mentir?

A mí la Iglesia, el Clero católico, me importa un rábano; creo que solitos cavan su tumba y que sus incongruencias y mentiras se destapan cada día; sin embargo, fui criada como católica y antes de desarrollar mis propias opiniones al respecto, participé varios años de un grupo religioso y dí clases de catecismo y liturgia entre otras cosas; así que les voy a decir, basada en la propia religión, porqué esto es una tomadura de pelo que habla del poco respeto que tiene esta pareja de telenovela por sus compatriotas, su comunidad, sus amigos. Eso asusta.

Angélica Rivera se casó con un productor con el que primero vivió durante 14 años en unión libre y procrearon y educaron a sus hijas. El argumento para invalidar ese matrimonio, fue que se casaron en la playa.

La playa, Señora de Peña, es lo de menos. Muchos se han casado en las Playas, en los montes, en los jardines y no importa. Lo que importa es el Sacramento en el que hubo libre juramento y sagrada eucaristía y, porque bien dijo Jesús que la Iglesia no es el templo sino la congregación de los fieles. Claro que al Clero no le conviene destacar este punto porque perdería mucho dinero que paga la gente por tener sus sacramentos en los templos.

Usted “Gaviota” se casó ante una comunidad, una congregación, una iglesia, reunida en el nombre de Dios y Jesucristo que manifestó: “Donde estén dos o más reunidos en mi nombre, ahí estaré yo”

Usted juró ante esta comunidad (Iglesia) reunida en el nombre de Dios que aceptaba a ese señor Castro para amarlo y respetarlo todos los días de su vida. Me parece que ha cometido perjurio.

Usted no solamente se divorció de ese marido sino que ahora está negando su matrimonio. Negando al padre de sus hijos, negando su relación, negando su promesa. Usted ha blasfemado.

Usted se ha vuelto a casar descalificando y “olvidando” que ya estaba casada. Usted es una adúltera.

Usted ha preferido encandilar a los ignorantes que conservar su honor y su dignidad. Usted acepta sin ningún cargo de conciencia y sin consecuencias, haber falsificado un Sacramento. Usted es una hereje.

Usted, señora, comulgó en su primera boda, con su marido el señor Castro y su comunidad; así que se ha burlado de la Sagrada Eucaristía al haber comulgado “en falso” y aceptar la invalidez de la Eucaristía. Usted mintió.

Usted ahora se ha convertido en una mujer pecadora que vivió en amasiato y que dio a luz dos hijas ilegítimas. Sus hijas son ahora las bastardas de la Reina Consorte.

Usted, Gaviotita se volvió la señora encopetada (que le preste gel su marido) de la casa grande que hace sufrir a las Gaviotas y a las María Mercedes.

Y usted, Señor Peña Nieto, por su lado, pecó de omisión; se hizo de la vista gorda, tomó a la mujer de su prójimo y fue a SU Catedral a casarse ante tres obispos ciegos, sordos y locos, a pisotear la dignidad sagrada para quedar bien con sus futuros votantes. Qué indignidad.

Tristemente, nada de eso importa, porque usted, señora de Peña, llegará a los pinos con agrado del pueblo telenovelero de la mano de su familia ejemplar y hará muchas obras de caridad y la gente la amará y la comparará con Lady Di.

Qué vergüenza. Qué gente tan deshonesta. Qué Clero tan oportunista.

Preferiría bodas como compromiso de gente honesta, congruente y responsable de sus actos pasados, presentes y futuros ; preferiría funcionarios que, respetando la laicidad de nuestro país defendieran el matrimonio civil como una vía para conformar una familia con derechos y obligaciones constitucionales, civiles, humanistas.

Ese es el País que nos espera con Enrique VIII a la cabeza; nos demuestra cada día que su gobierno será un gobierno de perjuros, de mentirosos, de irrespetuosos, de burlistas, de indignos ambiciosos y blasfemos que moverán la ley de Dios y de los hombres a su propia conveniencia. Para mí no es nada nuevo. Ya lo sabía. Ojalá mi Iglesia (la comunidad) tenga oídos y oiga.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Andrea Salmerón

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