Mucho más que una mentira, muy por debajo de la verdad. Hay puntos ciegos en la sociedad… Afortunadamente han quedado atrás los escépticos que aún piensan que aquí no pasa nada. Que creen que sacan números de las conclusiones y no al revés. Lo malo es que todavía corremos dando tumbos, chocando unos contra los otros en esta carrera por salvar el planeta y mantener las comodidades a las que estamos acostumbrados. Y es que es difícil desprenderse de este ciclo moderno: se necesita energía eléctrica para construir acero, así como se necesita acero para construir plantas eléctricas. El problema ya no es si vino primero el huevo o la gallina, el problema es que creemos ayudar y no lo estamos haciendo. Verde, sustentable, ecológico, amigable con el medio ambiente: no sucede por arte de magia.
Abrir los ojos fue un buen primer paso. Ya sabemos que estamos haciendo daño y, bien que mal, queremos remediarlo. Pero desafortunadamente muy pocos saben cómo y muchos de ellos saben mal. Creemos ver y no vemos, como cuando un pez encuentra su suculento almuerzo que, al capturarlo, resulta en un mortal anzuelo.
Juzgar el libro por su portada, el león no es como lo pintan; son frases que algunas veces escuchamos cuando nos recordaban que las cosas no son lo que parecen… como hoy en día, cuando cualquiera se cuelga de “verde” una etiqueta.
Hace tiempo, a una amiga le compré una bonita y sencilla blusa con la leyenda “GO GREEN”, que era orgullosamente 100% de algodón orgánico. Tiempo después, al leer una anécdota de Daniel Goleman, que también compró una playera del mismo material, me entero que el algodón es una planta que consume mucha agua. Se necesitan 10 mil litros de agua para cultivar la cantidad necesaria para hacer una sola camisa. El algodón, por si fuera poco, es muy quisquilloso y se resiste a absorber tintes y la mayor parte termina en las aguas de desperdicio. Los tintes pueden tener formaldehido, cloro y cromo. Entonces, cuando ella usa esa blusa, en realidad trae 10mil litros de agua encima, y otros litros más de contaminación.
Esta sociedad, a su vez, nos pone a prueba y nos hace propuestas capciosas.
¿Bolsa de plástico o de papel? preguntan ahora algunos supermercados para dar oportunidad al consumidor de elegir si ser ambientalmente responsable o no. ¿Cuál sería su elección? El mundo depende de ello ¿Tiene usted ya algún favorito? Pocos conocen que por cada bolsa de papel que se fabrica se utiliza 30 veces más energía y se produce cerca de 600 veces más volumen de agua de desperdicio que por cada bolsa de plástico. Las bolsas de papel, cuando se dejan biodegradar tiradas en los basureros, liberan metano.
La bolsa de papel ya no luce tan “verde” al lado de la otra, ¿verdad? Sin embargo, no olvidemos que se utilizan más de 150 mil millones de bolsas de plástico en México, EU y Canadá, causando una verdadera calamidad ecológica, contaminando suelos y mares, tapando alcantarillas, matando animales y tardándose más de 500 años en degradar.
¿Papel o plástico? La respuesta correcta es: “Ninguna, traigo mi propia bolsa.”
Pero hasta entre perros hay razas. Wallmart, Target, Soriana, Home Depot, Office Max, Office Depot, HEB, etcétera. Todos ellos venden sus bolsas ecológicas. Pero ninguno como Anya Hindmarch, diseñadora de modas, que valiéndose de su fama se dio a la tarea de insertar conciencia ecológica en el grueso de la sociedad. Con su compañía ahora fabrica estos morrales también, para que los clientes vayan de compras con sus propias bolsas. Realizó esfuerzos para certificar sus fábricas, que sus empleados recibieran salarios justos y que no se utilizara mano de obra infantil. Adquiere bonos de carbono para compensar los residuos por la fabricación y la transportación de sus insumos y productos. Entre algunas cosas más.
Esto, señoras y señores, es responsabilidad social. Ejemplo vivo de que se puede ayudar y disfrutar de una gran bonanza de números negros.
Pero la paradoja continúa. Una vieja regla de la Economía dicta “Lo que es cierto para algunos, no es cierto para todos” ¿Qué pasaría si se destinara una de estas bolsas ejemplares para cada persona? La Tierra se vería horriblemente afectada por las cantidades de algodón requeridas para elaborarlas. Ya sabemos que al algodón le encanta beber.
Es indudable que cada paso hacia lo sustentable es positivo. Pero hay que estar atentos en esta fiebre por lo verde porque la mercadotecnia va a sacarle todo el provecho que pueda y el consumidor debe ser inteligente y prever que lo que le están vendiendo como verde, es muy probable que no lo sea tanto. Todos los productos manufacturados son ecológicos de manera relativa, es decir, cambian unos problemas por otros, como las bolsas de papel por las de plástico.
La diferencia entre los productos que hoy marcamos como “verdes” y los demás es ínfima.
Cortesía de Manuel A
