2011

Anécdota con los oficiales de tránsito en Monterrey

Yo suelo usar el transporte público por varios motivos: Uno, saco un auto de la circulación y así aminoro el tráfico y la polución; dos, no me importa caminar y aprovecho ese tiempo del trayecto para leer; y tres, porque le tengo terror a los oficiales de tránsito. Siento que nada más me andan cazando para sacarme dinero a como dé lugar.

Cuando manejo, siempre cuido mis límites de velocidad, uso el cinturón (no por seguridad, si no para que no me detengan) y jamás de los jamases conduzco después de haber tomado un sólo trago de alcohol.

Estas precauciones de poco valen porque mi carrito, aunque es mexicano, no tiene placas de Nuevo León y eso me hace presa ante los ojos de los que cuidan el orden vial. Una de cada cinco o seis veces que salgo a circular, algún oficial de tránsito me detiene por cualquier excusa inventada; exceso de velocidad y omisión de una señal son sus favoritas. Obviamente yo sé que me paran sólo para sacarme dinero, además de que estoy consciente de que yo voy bien por mi carril a mi velocidad correcta.

Siempre es la misma cantaleta: Me paran. Me piden mis documentos. Los entrego. Me dicen que me van a multar por distintos motivos. Les digo que está bien. Me preguntan que cómo vamos a hacerle. Yo les digo “pues hágame la multa”. Se hace wey unos minutos. Me entregan mis documentos. Y me dejan ir.

El oficial sabe que soy inocente y tengo todo en regla, ve que de mí no va a conseguir un cinco y me libera PERO…

Hubo una ocasión en la que sí me descaré gacho. Tenía muchísima prisa, como nunca antes. Entonces yo estaba manejando a +90km/hr en zona escolar. Un tránsito me vio y obviamente me detiene.

Yo pensé “ni pedo, ahora sí me lo merezco bien duro” pero la rutina con el oficial no fue diferente. Me pidió mis documentos, me tuvo estacionado al lado de la banqueta como por 45 minutos hasta que se convenció de que no me sacaría dinero y… ME DEJÓ IR. ¿Qué? Pensé a mis adentros. (HECF)

Según yo, los oficiales de tránsito tenían como misión cuidar el orden vial mientras (en letras pequeñas) reciben sus mordidas y cuotas por utilizar ciertas esquinas (como putas). Pero ahora resulta que ni siquiera cumplen esa primer parte. No sorprende que en Monterrey se den tantos accidentes automovilísticos. Manejas mal, das mordida (o en mi caso, exiges la multa), te dejan ir y sigues circulando como si nada.

Sé que este tema no es nuevo para ninguno de nosotros pero cada vez me deprime más como son y como lucen nuestros oficiales en México.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Manuel

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