¿Qué tal, banda de HECF? Comenzaré por presentarme, mi nombre es José Luis, soy director de la revista Migala. Hace ya algunos ayeres leí un artículo sobre la revista en este blog y yo, como declarado fan suyo, me emocioné mucho, es por eso que hoy vengo a contarles este triste episodio, pues sé que ustedes escucharán.
Bien, como sabrán, tener una revista no es sencillo; se seleccionan textos, se visitan exposiciones, se hacen entrevistas, pero también hay una parte engorrosa que es la de llevar trámites, llenar papeles, firmar contratos, etc. Este oscuro camino nos llevó hasta las puertas de SEGOB, en busca de dos documentos: el certificado de licitud de título (o sea, te dan o no permiso de usar el nombre que llevas) y el certificado de licitud de contenido (o sea, te dan o no permiso de publicar lo que publicas).
El primer HECF está en que ambos certificados en conjunto cuestan $4,900 pesos, no deducibles de impuestos, donados a Gobernación con el único fin de que puedan regular, de ahora en adelante, lo que vas a publicar. Ok, pensé, no hay pedo, los pago.
Me dijeron que el trámite tardaría unos cinco días, así que volví a la semana siguiente. Mientras esperaba, varios funcionarios se miraban entre sí, murmuraban mientras me veían de reojo y al final uno de ellos me dijo “oye, creo que no salió el certificado. Es que la revista tenía un cuento erótico”.
¡Un cuento erótico! No me daban el certificado (que por cierto me costó $4,900 baros) por un cuento erótico… pero pensé, ok, no hay pedo, ya tenemos distribución nacional (que era en primer lugar para lo que quería el certificado), ni modo, sólo nos sacaron una lana.
Todo eso ocurrió a mediados de Noviembre del año pasado. Este lunes, revisando mi correo, vi uno de parte de SEGOB en el que se me informaba que al no haber asistido a mi única comparecencia (de la cual nunca antes se me había informado) se declararía mi revista como ilícita (con la prohibición terminante de su distribución nacional), basados en los artículos 6to y 7mo del “Reglamento Sobre Publicaciones y Revistas Ilustradas”, mismos que decidí compartir con ustedes porque son una joya:
ARTÍCULO 6o.- Se considerarán contrarios a la moral pública y a la educación el título o contenido de las
publicaciones y revistas ilustradas por:
I.- Contener escritos, dibujos, grabados, pinturas, impresos, imágenes, anuncios, emblemas, fotografías y todo aquello que directa o indirectamente induzca o fomente vicios y constituya por sí mismo delito;
II.- Adoptar temas capaces de dañar la actitud favorable al trabajo y el entusiasmo por el estudio;
III.- Describir aventuras en las cuales, eludiendo las leyes y el respeto a las instituciones establecidas, los
protagonistas obtengan éxito en sus empresas;
IV.- Proporcionar enseñanza de los procedimientos utilizados para la ejecución de hechos contrarios a las leyes, la moral o las buenas costumbres;
V.- Contener relatos por cuya intención o por la calidad de los personajes, provoquen directa o indirectamente desprecio o rechazo para el pueblo mexicano, sus aptitudes, costumbres y tradiciones;
VI.- Utilizar textos en los que sistemáticamente se empleen expresiones contrarias a la corrección del idioma, y 3
VII.- Insertar artículos o cualquier otro contenido que por sí solos, adolezcan de los inconvenientes
mencionados en cualquiera de las fracciones anteriores;
ARTÍCULO 7o.- Las publicaciones de contenido marcadamente referente al sexo, no presentarán en la
portada o contraportada, desnudos, ni expresiones de cualquier índole contrarios a la moral y a la educación; ostentarán en lugar visible que son propias para adultos y sólo podrán exhibirse en bolsas de plástico
cerrada”
Podría pasarme el día entero reflexionando en tono irónico/indignado sobre este reglamento, pero la cosa no acaba ahí.
Decidí escribirles que jamás se me había notificado de dicha comparecencia, que no veo en qué incurría nuestra revista en faltas a su reglamento (claro que veía en dónde, pero la neta es que es un reglamento muy pendejo) y que me gustaría hablar con ellos para aclarar algunos puntos.
Me citaron al día siguiente.
Llegué y me recibieron dos personas: un hombre de traje y lentes de marcos dorados, al parecer abogado y una licenciada en noséqué, demasiado joven para alquilarse de títere del sistema. La plática fue más bien informal. A SEGOB le escandalizaron particularmente tres puntos: un cuento sobre una niña que descubre a un sacerdote pederasta (al cual calificaron de “pornografía infantil”), un cuento sobre un doctor que tiene sexo con una paciente que al final se descubre que está en coma (ahí enfatizaron que bajo ningún concepto podemos narrar, sea real o ficticio, un episodio de sexo con o entre menores de edad) y una galería gráfica de Cecy Meade, principalmente porque “los dibujos parecen muy para niños, podrían confundir a algunos jóvenes.
Pasé un buen rato convenciéndolos de que ni hacemos apología del delito, ni hacemos pornografía infantil, más bien lo que publicamos es literatura del dolor, relatos sobre una sociedad que se desmorona junto con cada uno de sus integrantes y, visto desde otro ángulo (ya dándoles un poquito por su lado para que dejaran de estar chingando), hasta podría decirse que son cuentos para concientizar en contra del abuso infantil. La licenciada me contestó “mira, entonces el cuento funcionaría si al final la niña fuera a denunciar al sacerdote y lo arrestaran”. HECF!!!!
Ese es el problema con el panismo que nos gobierna, que no entienden, ni les interesa entender a la gente. En esa oficina diez burócratas se encargan de regular todas las publicaciones de la república, muchas de ellas llenas de manifestaciones artísticas que no comprenden… y todavía viene esta señora con la desfachatez de decirme que le cambie el final a mis cuentos para convertirlos en propaganda panista.
Al final, luego de convencerlos de que mi objetivo no es crear jóvenes delincuentes, decidieron darme una oportunidad más para mostrarles una revista (sin drogas, sexo entre menores, apología del delito, denuncias públicas, textos ofensivos), de otro modo me declararían como ilícito, y aclararon: “tenemos vínculo directo con INDAUTOR, por lo que, si te declaramos ilícito, nunca más podrías volver a registrar nada ahí”.
Me quedé un buen rato platicando con estos tipos, tratando de entenderlos. Uno de ellos platicaba riéndose, muy orgulloso, como una vez declararon ilícita una revista gratuita por un cuento de Guillermo Fadanelli sobre una violación homosexual. Se me ocurrió preguntarles qué sucedía si no estaba de acuerdo con alguno de los puntos de su reglamento, ambos quitaron las sonrisas de sus caras y uno me dijo: “pues en ese caso puedes traer a tus abogados y demandarnos, tú decides”.
Pregunté el estado del certificado de mis revistas favoritas, todas están en las mismas, esperando que ese montón de burócratas consideren que, a su criterio, pueden seguir publicando.
Ahora, cada vez que publiquemos deberemos llevarles tres números con su respectiva etiqueta de “publicación para adolescentes y adultos”.
Veo difícil el panorama. Aún ahora no sé cómo mantener la calidad de los contenidos y a la vez obedecer a este reglamento estúpido.
Aprovecho la entrada para anunciar que tenemos un concurso de diseño muy interesante, pueden checar las bases en nuestra página web: http://revistamigala.com
Terminaré con unos versos de Scorza que me han ayudado en estos momentos y que he tomado como estandarte personal:
…aun en las celdas, bajo la lluvia,yo no perdí la fe.
Amigos, aunque os golpeen,jamás perdáis la fe;
aunque vengan días sucios, jamás perdáis la fe,
aunque yo mismo os ruegue de rodillas,no me creáis, amad la vida,
y guardad rocío para que las flores no padezcan las noches canallas que vendrán!
¡Hazme el chingado favor!
Cortesía de José Luis
