2011

Poquito poder

Le doy un sorbo al café oxxiano, y lo pongo en el portavasos, pongo los seguros al carro y me abrocho el cinturón de seguridad, la direccional marca al lado izquierdo, veo libre la avenida y me incorporo al carril de circulación. Voy pensando en una canción, así que en el semáforo en rojo enciendo la radio en frecuencia modulada, y una estación de rock pop transmite la canción que pensaba, sonrió.

Una peatón corre, llueve, me atrae, es bella. Manejo.

Es un día normal, y de camino al trabajo, nada fuera de lo común, una grúa sale del carril izquierdo. Hay un hueco oscuro donde debería estar el foco de la direccional, se incorpora sin precaución y tengo frenar intempestivamente, el café no esta tan caliente, escapo una parte del liquido y me ha caído en la pierna, me molesto y he dicho una mala palabra.

Vuelve a cambiar de carril, se empareja y el conductor me dice “No ves que soy de las grúas” y señala el logotipo de “Grúas Castro” que esta plasmada en la puerta, lo juzgo idiota y lo ignoro.

Alguna vez un policía se me atravesó mientras circulaba, le pite y frente a mi paro su motocicleta “no vez que soy policía”, le argumenté que por lo mismo debía conocer el reglamento, por alguna razón no me inculpo en algún delito, pues me puse un poco tonto y grite molesto, yo solo iba a un partido de fútbol.

Otra vez, manejaba mi tocayo una calle en ambos sentidos, el carril sobre el que circulábamos, obstruido por el camión de refrescos, el otro obstruido por los repartidores bajando la mercancía “coca cola es coca cola” me dice sonriente el trabajador, mi tocayo le mienta la madre y nos vamos.

De este tipo hay muchas anécdotas mas, muchas mas. La palabra poder debería definirse como las ganas y la capacidad de joder al prójimo. Así es, cualquier persona tiene ganas de joderse a otro, salvo raras excepciones, no todos lo hacemos sencillamente porque no podemos. Sin embargo hay quienes saben que su quehacer diario les una un poco de impunidad y se saben con una migaja de poder, con poquito poder.

El tipo de las grúas, el policía, el repartidor -vaya un día me toco un tipo que me amenazó diciéndome “yo trabajo para el seguro social”, solo le respondí: “ojala ganes bien porque el choque te va a costar”- todos ellos, por su trabajo, por sus relaciones, se saben con un poco de poder y es suficiente para que sentirse casi una autoridad, para sentirse superior a una persona común y corriente, vaya no son una “persona promedio” y en ese sentido se creen con la suficiente autoridad para actuar de manera en ocasiones infame.

Los ejemplos son muchos y variados, desde los bomberos que se estacionan en doble carril mientras apagan su sed y su hambre en el puesto de tacos, el polecia que se estaciona a un lado del grifo, para atender asunto personales, el tipo que por conocer a la cajera cree que no debe hacer fila, hasta el piloto del marinelamovil que le vale un cacahuate el limite señalado para estacionarse, los ejemplos son vastos.

Y no, esas personas no están realizando funciones que pudiéramos calificar de trascendencia nacional, pero si hacen (mos) algo muy trascendente, habituarnos a que si alguien puede nos jode, nos hacemos la cotidianidad mas difícil, en cada esquina tiene la posibilidad de encontrarte con un cretino y no con un amable saludo.

Definitivamente no podemos tener calidad moral para quejarnos del actuar del estado, si nosotros mismo, para joder la prójimo, solo ocupamos poquito poder.

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