2011

La autoridá pa’ servir a la plebe (o ¡Mordida, mordida!)

¡Buenas, banda! Ésta es mi primer colaboración así que pues, Háganme el chingado favor de leerme…ahí les va la narración de mi aventurita:

Serían como las 11.30 am. Circulábamos en un pequeño Corsa por (creo) avenida Manuel L. Barragán, ya en los terrenos del municipio de Monterrey.
Hay dos semáforos antes de llegar a una depresión que termina frente a la Plaza de Toros de la ciudad; sorteamos el primero aún en amarillo (error), más el segundo nos tocó definitivamente en rojo, así que nos detuvimos justo en la rayita blanca… hasta entonces todo parecía normal.

Al cambiar la luz del semáforo notamos que detrás de nosotros venía una patrulla de tránsito del municipio (de esas que parecen Mustangs, bien chingonas). La ciudad no es la que era hace unos años, tener un tránsito cerca es más peligroso que venir en la caja de una camioneta de militares; el tránsito hizo una seña a mi tía, la conductora de nuestro carro, pero no encendió siquiera las torretas, cosa que normalmente hace un oficial con patrulla. Igual, nos orillamos.

Ahí empezó la verdadera historia.

Se acerca el tipo, lo primero que vemos es su corbatita negra con el logo regiomontano. Dice que nos pasamos un rojo.
Como primera infracción, mi tía se siente decepcionada, más que asustada; aún sabiendo que lo que nos pasamos fue un amarillo, decide aceptar la multa bajo el nuevo dicho familiar: “Prefiero darle dinero a un municipio en donde no vivo que a un cabrón al que no tengo que mantener”.

El tipo hizo lo imposible por que le sugiriéramos una mordida; se quedaba como pensando en la ventanilla y luego volvía a repetir en que nos iba a dar la infracción. Cosa que nosotros llevábamos quince minutos esperando.

Pidió la tarjeta de circulación y ¡oh, sorpresa! traíamos la del año pasado.

Es sabido en todo Nuevo León que las placas se tienen que cambiar hasta marzo, incluso el oficial nos lo dijo en más de una ocasión.

Igual, encontró una excusa para intentar meternos miedo (y sacarnos dinero, es un ejercicio redondo).

La pregunta fue: ¿está consciente de que puedo iniciar una investigación por sus placas?

La repitió cerca de tres veces en menos de dos minutos, nosotros teníamos las placas nuevas, pero no las habíamos puesto todavía (recuerden, hasta marzo). Así, el tipo de blanco quiso que fuéramos por ellas (trayecto de unos quince minutos) a la casa y que regresáramos para que nos pudiera poner la infracción, o de lo contrario el carro iba a ser casi nacionalizado por Monterrey (así de mamón se puso). Así, me bajé del carro y tomé el primer taxi que pasó.

Fueron, en total, $120 por los taxis, pero llegué lo más rápido posible. Cuando llegué ahí estaba mi tío, titular del carro detenido. Lo primero que hice fue reprimir mis impulsos de arrojar las placas a la cara del oficial, después las saqué de su empaque para restregarlas en su cara, junto con la tarjeta de circulación nueva.

“Igual, me tengo que llevar el vehículo”. ¡Hazme el chingado favor! Me hizo cruzar dos veces la ciudad para nada.

Mi tío y él se hicieron de palabras hasta el punto de recordar que otro familiar trabaja para Multimedios TV, así que el tránsito cambió de estrategia: ahora debía ver cómo le poníamos las placas al carro (¡’ora resulta!).

Las pusimos medio mal, porque mi tío solo traía un desarmador de bolsillo, pero al fin las pusimos.

Luego de ‘pensarlo’, el oficial decidió darnos la infracción e irse… no sin antes batearle el desarmador a mi tío, alegando que ‘estaba muy bonito’ (oración válida para los tránsitos) antes de darnos la infracción.

En fin, con una infracción de $250 noté algo extraño… ¡¡EL TRÁNSITO TENÍA LAS PLACAS VENCIDAS!!

No dije nada por no meter en más broncas a mi familia. Pero eso sin duda fue el HAZME EL CHINGADO FAVOR de la semana.

Les dejo las fotos comparativas, chequen que las placas nuevas (ya puestas en el carro) son casi en su totalidad blancas, con solo el nombre del estado en la parte de arriba, mientras que las placas vencidas (las de la patrulla) tienen grabado en azul la imagen de la Fundidora como símbolo de la ciudad… En fin, la ley es la ley.

Cortesía de Sie7e

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