2011

Esta vez me toco a mí

Todos hemos leído en algún diario o escuchado en los noticieros locales sobre hechos propios de la inseguridad o crimen “no organizado”, es decir: crímenes callejeros cometidos por ladrones “no organizados”, crímenes que ocurren día a día en nuestras ciudades y que por cierto nadie denuncia por lo tanto tampoco se investigan. Es común también que en una conversación informal escuchar que algún amigo conoce a “alguien” que fue victima de un asalto a mano armada, asaltado en su auto en un semáforo, que le “cristalearon” el auto o que a un vecino se le metieron a su casa, en fin todos los días escuchamos de los diferentes actos y modus operandi de esta forma de inseguridad.

Esta vez la experiencia es diferente… ahora fui yo objeto de esa inseguridad; en un mismo mes fui víctima en dos ocasiones; la primera sucedió aquí en Morelia como al 3 de la tarde en el Bosque Cuahutemoc. Me abrieron mi auto, volaron con todo lo que había en el interior, no voy a hacer un inventario de lo que se llevaron ni de los gastos colaterales que esto me generó que por cierto fueron mucho más de lo que se llevaron directamente. Les basto una hora para despedazar la cerradura de la puerta del conductor y hacerle un agujero de casi 20 centímetros de diámetro sin piedad hasta que consiguieron abrir la puerta.

El segundo evento fue dos semanas después, se metieron a la casa de mis padres, esta vez como a las 9 de mañana. Igualmente volaron con todo lo que pudieron llevarse en las manos. Afortunadamente no llevaban camioneta pues de ser así hasta mudanza hacen. Los hechos no fueron muy distintos, rompieron la puerta trasera de la casa hasta que consiguieron entrar; era un desastre, removieron cada uno de los cajones del tocador de mi madre, cada alacena de la cocina, el cuarto de mi hermana, todo, removieron todo y arrasaron con todo.

De esto lo menos importante es el monto de lo que se llevaron o las cosas materiales que pudieron robar. Lo peor es el miedo que te apodera después, tratar de dormir y despertar al menor ruido (real o imaginario), manejar con los vidrios arriba y pagar 15 pesos de estacionamiento cada vez que sales por que no quieres que esto se vuelva a repetir; cambiar todas las cerraduras de tu casa pues ellos tienen todo… tu dirección, tu nombre, tus llaves… todo. La paranoia permanente de que te están observando… siguiendo… esperando.

¿Algún castigo? Realmente lo dudo, levantamos una denuncia por lo del auto pues era necesario recuperar documentos pues de no ser así tienes que pagar por obtenerlos nuevamente. Pero la denuncia como medio para conseguir un castigo para los hechores es poco probable.

– “Uuuu joven, por esa zona es por donde mas roban… agradezca que no se llevaron su carro” fue la respuesta de un funcionario del ministerio público.

Las estadísticas son alarmantes, lo comentarios escuchados dentro de nuestro circulo social lo son aún más y las probabilidades de que estos delincuentes sean aprehendidos son poco menos que nulas. La justicia para nosotros “los de a pie” es poco menos que improbable, los delitos son muchos y la impunidad total.

Desempleo, mala educación, corrupción, impunidad, falta de oportunidades, aunado a la marcada polarización de las clases sociales y el rencor que esto genera en los jóvenes menos favorecidos se vuelven la mezcla ideal para abonar a la delincuencia, imparable ya a estas alturas.

Mientras la sociedad en su conjunto nos mantengamos ajenos e indiferentes a los malos resultados de la justicia en México y no exijamos acciones contundentes a nuestros gobernantes seguiremos siendo presas de la delincuencia y seguiremos escuchando al conocido de un amigo decir… que le abrieron su carro.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de BMU

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