2011

La mosca

Estaba acostado en el piso de mi estudio. A mi lado, un libro de Mario Vargas Llosa, por que esta de moda, y del otro lado un carísimo matamoscas que me regalaron y me trajeron del museo del arte moderno de Nueva York y que sirve exactamente para lo mismo que todos los demás, para matar moscas.

Estoy hablando por teléfono con una chava del tipo que le dedicas toda tu atención y todito tu todo. La platica es bastante agradable y empiezo a disfrutar de su compañía cuando de repente mis ojos se distraen con algo. Una diminuto punto negro en el techo se mofa de mi. Si, es la pinche puta mosca que llevo dos horas tratando de matar.

Mientras trato de concentrarme en la platica me surgen pensamientos de las grandes batallas en las que ha luchado el hombre. Sin duda las batallas mas épicas son estudiadas y recordadas tanto así que hasta tenemos días conmemorativos celebrando tremendas matanzas. Se que esta batalla la tengo que ganar sea como sea y si, celebrare con una rica cerveza cuando mi pinche matamoscas caro le aplaste y le destruya todo su cuerpecito.

Se que en esta batalla no estoy solo y no he sido el unico. Se que millones de nosotros luchamos constantemente contra este enemigo que tanto chinga y molesta. Nuestras armas han cambiado dependiendo de nuestro entorno pero la técnica es la misma, aplastar y aniquilarlas. Ellas con su diminuto cuerpo solo vuelan buscando materia fecal constantemente, lo que habla muy mal de nosotros cuando solo se dedican a chingarnos. Se burlan en nosotros, de nuestras claras ventajas que tenemos y que aun así no podemos deshacernos de ellas.

Mientras tanto ellas con su corta vida nos siguen chingue y chingue y chigue. Lo hacen en la noche mientras tratamos de dormir. Nos chingan la sopa. Nos joden cualquier intento de relajación en un parque. Nos hacen mas largo un viaje en coche. Hacen la jornada laboral más larga y frustrante. No paran de chingar y probablemente su corta vida esta programada y dedicada a eso.

En ese momento me levanto de la comodidad del piso. Dejo el teléfono a un lado y me enfoco en continuar con la batalla que empecé un par de horas atrás. Recuerdo al gran cazador de moscas, Mr. Miyagi y me dispongo terminar con esto una vez por todas.

Me quito el calcetín, lo hago bola y lo aviento al techo. Sorprendentemente le atino y la mosca vuela sacada de onda. Es mi oportunidad. Con el carísimo matamoscas empiezo a pegarle al aire sin suerte. Ademas de cabrona es una suertuda por que simplemente no le doy. Se pasa de cuarto en cuarto pero siempre encuentra la manera de volar mas alto. Me trepo como puedo en camas, sillas, mesas y sillones. Mi batalla empieza a volverse un baile ridículo donde la estrella soy yo y la mosca es la que aplaude. Envuelto en frustración tiro el puto matamoscas contra la pared, me salgo del cuarto donde quedo la maldita pinche mosca y cierro la puerta encabronado mientras grito mi típico “¡Puta madre!”

Esta mañana ya mas tranquilo me tomo una rica taza de café, sentado en mi escritorio y con un carísimo matamoscas en la basura. Pienso en el día de ayer y en que tengo que admitir mi derrota por mas que me duela. Pero pienso en la revancha contra esa mosca que sigue en el techo, burlándose y viéndome mientras escribo esta entrada. ¡Hazme el chingado favor!

¿No les gustó? Mándenme sus quejas picándole a esta liga.

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