2011

Edgar, otra víctima colateral

Hace un año un lector de mi blog me pidió un libro. Le mandé el libro por correo y ya no supe si le llegó, pues perdí contacto con él. Tiempo después, el mismo lector me escribió un email, agradeciéndome por el libro y por la dedicatoria, y explicándome la razón de su larga ausencia. Resulta que al salir de su trabajo, mientras esperaba un taxi para volver al hotel donde se hospedaba, le tocó una balacera. Aquí un fragmento del correo que me envió aquella vez:


Click para agrandar

Estuvimos en contacto durante algún tiempo, y hace poco me mandó este otro correo, con una triste revelación. También me mandó una carta -de la cuál ponemos un fragmento más abajo- en donde me cuenta parte de su odisea en las dependencias de gobierno:


Click para agrandar

Triste realidad la nuestra. Una realidad en la que las autoridades siguen empeñadas en hacernos creer que, si nos pasa algo así, es porque estuvimos en el lugar y en el momento equivocados. ¡Háganme el chingado favor! ¿No será al revés? Son esos hijos de puta –gobernantes y criminales- quienes no están en el lugar en el que deberían estar: en la cárcel o muertos o trabajando en otra cosa en la que sí den resultados positivos a la sociedad. Son ellos –gobernantes y criminales- quienes no están en el momento adecuado: en la prehistoria, la inquisición o en alguna de esas épocas oscurantistas donde el salvajismo se comía a la razón. Son ellos, no nosotros.

…el siguiente paso fue buscar una prótesis. Y es aquí en donde pasas de víctima a “culpable”, por decirlo de alguna manera. Y es que con cada funcionario que trataba y en cada área en la que me tenía que meter a hacer trámites, la respuesta y el sentimiento eran de: “¿Quién te manda andar perdiendo una pierna?… aquí así es de tardado el papeleo… o te esperas o te chingas”. Y a final de cuentas uno se aguanta el trato de perro porque cree que le resolverán algo; pero terminan ofreciéndote algo más indignante que una pata de palo, al más puro estilo pirata.

Lo mejor de todo fue que di con la Asociación Nacional de Amputados de España (ANDADE). Increíble, ¿no creen? Encontrar ayuda en otro país que no tiene ni vela en el entierro con mi situación y, aún así, con disposición a ayudarme, sin costos ni nada.

Y ahora, aquí estoy. Me llamo Víctima del Delito y estoy buscando una prótesis que me reintegre a la sociedad, ya que, amputado, no soy parte de ella. A pesar de todo, amo en donde vivo y no le he perdido la fe. Quiero y sé que puedo reintegrarme. No con ayuda de los “buenos” de esta guerra, sino con el apoyo de la poca gente que me conoce. Me ha sorprendido que, de quienes a veces no esperas nada, hacen mucho por ti; y de quienes esperas mucho, no hacen nada. Pero así es la vida. En algún momento nos toca estar bajo la rueda.

Y les repito: ni la PGR, ni la PGJ, ni la PGJE, ni ninguna “P”, ni ninguna “S” ni nada que tenga que ver con el gobierno han asumido su responsabilidad ni han brindado ayuda de la manera correcta a nosotros, las víctimas del delito: inocentes que estaban “en el momento y en el lugar equivocado”.

Me despido sabiendo que no voy a cambiar el mundo, ni mejorar los servicios de las instituciones de mi país; pero, si de algo sirve ser víctima del delito, es saber apreciar más tu vida, tu familia, tu entorno… En mi caso, mi hijo, que es y será mi vida.

Y como dijo el gran José Saramago: “Yo no escribo por amor, sino por desasosiego; escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo”.

Si quieren ponerse en contacto con Edgar, la persona a la que le sucedió este lamentable incidente, ya sea porque conocen un caso similar o simplemente le quieren decir palabras de aliento, mándenme un correo a mí o al Chilakil, para pasarles su dirección.

Siguiente Entrada
Entrada Anterior


Siguiente Entrada
Entrada Anterior
143 Comentarios en “Edgar, otra víctima colateral”