2011

Una chica más harta de la inseguridad

Soy de Los Mochis, Sinaloa, una ciudad que hasta hace poco, era una ciudad bastante tranquila, lo que más te podría preocupar al salir de noche era que unos cholos te molestaran pidiéndote un peso, pero ahora me siento como una loca paranoica. Yo sé que el que nada debe nada teme, pero igual sólo por ser una chica guapa totalmente inocente, también te pueden pasar pendejadas. Una se la pasa oyendo historias de mujeres que son levantadas nada más porque les gustaron a algún narco, y no me refiero que las hayan encontrado en antros si no así en plena calle.

Esta semana me pasaron dos cosas que me provocaron más miedo del que tenía.

La primera: Salí a imprimir unas fotos, como no había estacionamiento cerca tuve que dejar el carro lejos de la tienda. Cuándo entro, se estaciona en doble fila una camioneta bien gandalla con los vidrios oscuros enfrente de la tienda y se baja un chico, se me acerca y me pide mi numero de celular diciendome que le gusté al cabrón que andaba manejando la camioneta, que me vio caminando desde sabe que cuantas cuadras y que se regresó dando un vueltón nomás para pedirme mi numero, HÁGANME EL CHINGADO FAVOR. OBVIAMENTE lo mandé mucho a la chingada, y le pedí amablemente que me dejara en paz que no me interesaba. Se regresó el chico al vehículo, y se quedaron allí, no se iban.

Entonces yo me empecé a poner nerviosa pensando que me iban a esperar allí todo el puto día a ver cuando salía, uno de los empleados notó mi inquietud y le tuve que contar lo que había pasado y este pendejo salió a correrlos. Y que tal si traían armas? o si hubiera pasado otra cosa peor?, gracias a dios no pasó nada, se largaron pero de todas formas me quedé como una hora y media en la tienda.

La segunda: Salí a caminar con mi madre, íbamos caminando por una acera y vimos un carro sospechoso (vidrios oscuros, sin placas) con la puerta del copiloto abierta, estacionado, entonces decidimos pasarlo rápido y cambiarnos de acera. Mi mamá iba por el lado de la camioneta osea que cuando pasamos observo por donde estaba abierta la puerta y resulta que estaba un cabrón allí acostado con los pantalones abajo y el pene de fuera. Mi mamá se asustó mucho y me dijo “correle y no voltees para atrás”. Como íbamos muy deportivas no se miraba sospechoso que corriéramos, lo primero que pensé cuando me dijo eso era que tenían armas allí en el carro, o algún cadáver o un rehén, y nos regresamos lo más rápido posible a nuestra casa. El camino se me hizo eterno, me sentía perseguida y expuesta totalmente.

Y es que en esta semana, se encontraron los cadáveres de dos chicas que habían desaparecido desde hace 6 meses, encontradas en unas narcofosas. Igual ellas no eran unas santas, pero una se queda impactada y preocupada. Estoy harta de no salir a gusto, de que se me pongan los pelos de punta nada más al ver camionetas o carros blindados, preocuparme si me va tocar balacera, si me va tocar ver un convoy, si un pendejo me va estar chingando pidiéndome mi celular. Extraño la paz que tenía mi ciudad, por lo pronto tomo mis precauciones.

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Eiri

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