2011

Cereza en el pastel

La conocí en mi adolescencia, era de Extremadura, abuelita de un amigo mió, yo tendría unos doce años, por alguna razón platique largo y tendido con ella, aparecí mi amigo y al despedirme me dijo “eres un viejo encerrado en el cuerpo de un niño”, me lo dijo a modo de cumplido, pero yo me estremecí.

Una vez, recordando esa anécdota, me dije a mi mismo que era tarea importante vivir plena y oportunamente cada etapa, y si no se podía, recuperarla cuando se pudiera.

Cuando mas tarde me dijeron “no tuviste infancia” asentí. Si la tuve, pero en esa etapa uno nunca esta conforme con lo que tiene, sobre todo si la mayoría de tus amigos son vagos que juegan a todas horas mientras tu has de ir a la escuela, hacer tareas domesticas y escolares y entonces si, jugar solo un rato.

Ya cuando uno crece va acumulando manías, temores, recelos, en fin, se hace adulto, y se olvida de algunas promesas de la infancia o la mayoría, a esta edad, se nos hacen tontas, como comprarme un paste para mi solito.

Tiene uno entonces esa enfermedad de la adultes, que nos quita la chispa de los ojos, ah pero viene entonces algo que le da un vuelco a tu vida, una regresión por así decirlo, un niño.

¿Quién no tiene a los niños como un pretexto para redescubrir nuestra infancia? desde esa tierna edad en que uno solo puede asirse de una cobija y toma entre sus manos diminutas todo lo que se nos acerca confiando en nada daños es, desde una maraca hasta el dedo antihigiénico de papá.

Mas adelante, empiezan los primeros pasos y me muestras a confiar a tomar de la mano sin recelos, saber que alguien estará ahí para detener una posible abrupta caída.

Uno se acostumbra a tener la mirada en otras cosas, a preguntar de política y religión, de filosofía y moral, de capitalismo y comunismo, o sea, de cosas relevantes (sic) y se acostumbra uno a tomar los objetos sin prestarles atención alguna, y vienen ellos, pequeños tiranos, habitantes del mundo pequeño y le dan un sentido distinto a cada objeto y las ideas dejan de ser eso complicado y difícil de entender y se vuelven meramente imágenes mentales con un único propósito: diversión.

La curiosidad mato al gato dice la sabiduría popular, y ellos nos enseñan a desafiar esa máxima, en sus ojos se ve la chispa de querer entender cada cosa que van descubriendo, cada objeto cada paisaje que pasa, el césped, la tierra, el lodo, la arena, el agua, cosas que, al menos yo, damos por irrelevantes, sumergir los pies en la arena y mover los deditos para ver como pasa la arena, hundir las manos en el lodo, ver una hormiga cmainar por la palma de la mano, ¿a que sabe esa flor?.

Disfrutar tanto y olvidar, para volver a disfrutar con la misma intensidad.

Perdonar y perdonar de veras, pues pese el regaño o el jalón de oreja vuelven al ataque de risas y luchas.

Yo no se ustedes, pero tengo tantas promesas tontas que decidí cumplirme, que me compre mi pastel, solo que habré de posponer eso de engullirlo yo solo, porque hoy decidí compartirlo, pero eso si, la cereza es mía.

A fin de cuentas ser adulto a veces es tan tedioso y aburrido.

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