2011

¿Comentarios sí o no?

Ahora que este blog está debatiendo la calidad de los comentarios y por ende de los comentaristas, tema que abordo uno de los administradores y al final no llego a nada claro, encontré esta editorial de Héctor Aguilar Camín que va muy adecuada al tema

Si bien el analiza los comentario de las ediciones online de los periódicos, este blog debe reconsiderar hasta donde llega la libertad y aun medir que es lo que genera la gran cantidad de visitantes: los post o los comentarios, no vaya a resultar que la calidad de los comentario o la ausencia de calidad en los comentarios aleje a los lectores “inteligentes”

He aquí el artículo:

Fernando Escalante Gonzalbo envió a Pablo Hiriart, director del diario La Razón, donde escribe, una petición argumentada para que en adelante el diario impida que los lectores cuelguen comentarios al final de sus artículos en la edición electrónica. Creo que los colaboradores de todos los periódicos encontrarán interesantes sus razones.

El espacio para comentarios, dice Fernando, no sirve para continuar los argumentos ni para refutarlos, ni siquiera para abrir un diálogo. En la práctica, se ha convertido en un muro para colgar insultos y nadie espera otra cosa. No es un espacio de crítica, sino casi lo contrario: los insultos, los argumentos ad hominem, los juicios de intención, son precisamente lo que queda cuando no hay razones. No sólo eso, sino que ese simulacro ocupa el lugar de la crítica y al final la hace imposible; entre otras cosas, porque los más gritones, los ociosos, los más ofensivos, hirientes y deslenguados terminan inhibiendo a todos los demás.

Sigue Escalante:

En la práctica, en ese espacio se manifiestan los peores rasgos de la comunicación por internet: el anonimato, la facilidad, la precipitación, la irresponsabilidad, rasgos que en conjunto favorecen además una radicalización tanto más irreflexiva y furiosa cuanto más apresurada, una radicalización que en algunos aspectos recuerda los movimientos de la chusma en un linchamiento.

Ítem más:

La beatería ambiente quiere que libertad de expresión signifique que cualquiera puede decir cualquier cosa en cualquier parte, sin consecuencias. El resultado, cuando eso se aplica, es la disolución de los espacios de diálogo, porque donde la expresión importa hay reglas: en el parlamento, en un tribunal, en un salón de clases, en la prensa seria, hay reglas y las reglas importan. Donde no las hay, donde puede decirse cualquier cosa.

Finalmente:

Estamos acostumbrados a que exista ese espacio, de modo que parece impensable suprimirlo, como si fuese un atentado contra algún derecho básico. No veo por qué. No veo por qué motivo podría alguien esperar que la plataforma de un periódico o el nombre de un periodista, tengan que servir como soporte, publicidad o altavoz para difundir sus desahogos.

La facilidad de la comunicación por internet hace que el diálogo en la red a partir de la prensa sea uno de los nudos del espacio público en el nuevo siglo. Tendrá las características que queramos darle. Hoy en día se asemeja a la pared de un mingitorio público, donde uno garabatea una frase insultante, otro deja un dibujo obsceno, otro más pone sus iniciales, cualquier zafiedad, o simplemente un rayón. No es el lugar más a propósito para una conversación civilizada.


Enlace: http://impreso.milenio.com/node/8958083

Cortesía de Jorge G

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