2011

Kit para un sepelio

Ahora que me encuentro de viaje en la ciudad del pecado, puedo ver a mucha gente de distintos orígenes (y costumbres).

En una caminata por South Las Vegas Boulevard, me encontré con una familia de regiomontanos quienes, conversando entre ellos, discutían sobre si alguien había llevado alguna salsa picante o chiles chipotles; esto me hizo pensar en algunas prácticas del círculo familiar que nos parecen lógicas, normales o cotidianas, las cuales vistas a cierta distancia para otros mexicanos o inclusive vecinos, resultarían un severo HECF. Pongo un ejemplo al respecto:

En mi familia existe un grupo de tías –para algunos misteriosas pues no saben bien a bien cómo es que son sus tías– especialmente conocidas en sepelios y funerales de los familiares. La razón es que para esos eventos llevan a cabo ciertas acciones logísticas para que el recién fallecido pase al purgatorio de la mejor manera posible y, que deudos y asistentes disfruten, vivan al máximo (discúlpese la expresión) el acontecimiento que convoca a la familia.

Desarrollan infaliblemente la siguiente rutina, 1. Llegan de forma discreta hasta completar un grupo más o menos de 8 personas; 2. Antes de cumplir con el requisito de quórum, saludan discretamente, actualizan datos, caras y acontecimientos de los familiares y amigos presentes y se congregan en un espacio de la sala velatoria; 3. Como primer evento arrancan con el rezo de un rosario; ojo, como son profesionales siempre revisan que tipo de misterios habrá de rezarse, no se pueden equivocar y si alguien lo hace le fulminan con la mirada hasta hacerlo salir del recinto; 4. Ejecutan un llanto profuso y ayes de dolor por espacio máximo de 30 minutos en honor del “fiambre”; 5. Terminan puntualmente y pasan a la repartición de viandas, vituallas y alcoholes que traen en canastas y bolsas, las cuales aparecen posteriormente al llanto; 6. Ya infundidos los ánimos, cuentan anécdotas chistosas y folclóricas de quien partió, lo cual hacen en corrillos fingiendo hacerlo por lo bajo (FAIL); 7. Socorren a quienes en la noche avanzada padecen de algún desmayo con la aplicación de sales aromáticas, “alcohol en las sienes”, aspirinas, etc., medicamentos todos que también salen de sus canastas y bolsas; 8. Cerca del amanecer cogen todo el tinglado y se repliegan hasta el momento de la inhumación en donde repiten el número pero de forma más ágil.

A mí todo ello me parecía algo “natural”, hasta que un evento de esos, uno de mis cuñados me hizo esta reflexión y me dijo: –Tus tías siempre traen todo el kit para sepelios, hazme el chingado favor–.

Cortesía de El protector de los hongos

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