2011

El tío Gonzalo

Don Gonzalo se encontraba durmiendo profundamente en su hamaca en el jardín trasero de su casa la cual se ubica a la orilla de la Laguna de las Ilusiones cuando su teléfono celular comenzó a sonar debajo de él despertándolo súbitamente, estiró su brazo por debajo de la hamaca y a tientas buscó el aparato que estaba tirado sobre el pasto, lo tomó y contestó:

-Sí, bueno- carraspeó.

-Bueno, tío Gonzalo… buenas tardes tío ¿cómo estás?

-¿Quién habla?- preguntó adormilado

-Soy yo tío. Daniel tu sobrino, el hijo de Graciela.

-¡Ah si!, como estas Danielito- contestó don Gonzalo después de una breve pausa.

-Pues más o menos tío, fíjate que la grúa se acaba de llevar mi coche y mi mamá me dijo que te hablara para ver si nos puedes ayudar, ya ves que tu trabajaste muchos años en Transito y tienes muchos conocidos allí.

– ¡Ay hijo, ya te cargó la chingada!, ¿en dónde te lo levantaron?- preguntó don Gonzalo.

-De aquí de Madero, me estacioné un momentito para bajar una mercancía a la tienda de mi mamá, pero ella me entretuvo un rato y cuando regresé mi carro ya no estaba. Le pregunté a la señora del puestecito de películas piratas que hay ahí enfrente y me dijo que se lo llevó la Grúa de Transito, hasta me dijo que los polis’ me estuvieron esperando un rato pa’ que me arreglara con ellos pero como me tardé se fueron.

-¡Coño hijo!- exclamó don Gonzalo,- si sabes que ahí no te puedes estacionar, las grúas ahí en el centro están pendientísimas viendo quien se mal estaciona y luego luego te levantan. ¡Ahh! y hoy es quincena, peor todavía, hoy están más perros porque necesitan aprovechar y sacar lo de su cuota- agregó el viejo mientras se levantaba trabajosamente de la hamaca.

-Si tío, ya sé que me apendejé, pero pos’ ya ni modo, ya se lo llevaron y lo peor es que debo dos tenencias y pa’ sacarlo del corralón me va a salir una lana- se lamentó Daniel.

-¡Puta madre, estas jodido m’ijo!- contestó. A ver pues Danny, esto es lo que vas a hacer, ahorita lánzate en chinga al estacionamiento del parque La Pólvora, el que esta de camino al corralón de Transito y alcanza a la grúa, ahí siempre se paran un rato a echarse un refresco antes de entrar al corralón por si alguien se quiere arreglar con ellos. Apúrate y diles que te bajen tu carro, que vas de mi parte, pero de todos modos les tienes que dar unos cien o doscientos máximo por las molestias.

-¡De verdad tío!, ¿así le hacen?- preguntó Daniel sorprendido.

-¡Coño Danny! si hasta pareces nuevo, ese sistema yo lo inicié hace como cuarenta años cuando todavía andaba de oficial de calle y me asignaron la primera grúa que hubo en Villahermosa, pero mejor deja de pendejear y lánzate a La Pólvora en chinga que no te van a esperar todo el día, ponte las pilas y cualquier cosa me hablas.

-Bueno tío, muchas gracias, bye

-Sale m’ijo, ahí me visas como te fue- el viejo cortó la llamada mientras cruzaba el jardín en dirección a su casa.

Media hora después don Gonzalo se dejaba caer pesadamente en el sillón de la sala de su casa. En una mano llevaba el control remoto de la pantalla de 50 pulgadas que le regalaron sus hijos en navidad y en la otra cargaba un vaso enorme lleno de agua de tamarindo que su esposa le había preparado porque tenía dos días sin ir al baño. Un momento después de encender el televisor sonó el celular que llevaba en el bolsillo izquierdo de su camisa, rápidamente lo sacó y hablo:

-Bueno.

-Bueno, tío…

-¿Qué pasó Danny, cómo te fue?

-Mal tio, yo creo que ya valió madre, fíjate que llegué al estacionamiento del parque como me dijiste pero no había nadie, le pregunté al de la tiendita de por ahí y me dijo que la grúa se acaba de ir, que los tránsitos se bajaron un rato quejándose del calor de la chingada que hay y decidieron mejor irse a la delegación a hacerse pendejos un rato, que porque allá si hay ‘clima’- explicó Daniel.

-¡Puta madre!- exclamo el viejo- bueno no hay pedo m’ijo- agregó-. Ahorita te vas en chinga al corralón y te vas directamente con el oficial de la caseta de la entrada, se apellida Pimienta, un pinche viejo barrigón que es medio mamón, ese cabrón se las da de muy honesto pero es un ‘jijoeputa’ habla con él, se va a hacer del rogar un rato, pero tu insístele y vas a ver que afloja, Pimienta siempre anda jodido y siempre necesita lana, ‘namás’ que ese te va a pedir de 400 para arriba porque también tiene que pasar cuota, pero ni pedo, pa’ que chingaos debes tenencias.

-¡No manches tío! ¿Cómo crees que se puede sacar un coche del corralón así por debajo del agua nada más dándole mordida al de la puerta?

– ¡Uuyyy hijito, estas pollo! Si el ‘negocito’ de la puerta del corralón deja una buena lana al mes, casi que de ahí le pague la universidad a tu prima Laura- contestó mientras reía-. Por cierto a este cabrón no le digas que vas de mi parte- agregó don Gonzalo-. A este le caigo mal, porque hace años cuando yo todavía era subdirector, me lo reportaron porque andaba patrullando una madrugada bien pedo y a la salida de una disco intentó manosear a unas chamacas, a las que detuvo por pasarse un alto. Se la iba a perdonar, pero resultó que una de esas chamacas era hija de un diputado local de aquel entonces y pues lo tuve que degradar y fue cuando lo puse de encargado de la puerta del corralón, desde entonces me agarró coraje.

-Ta’ bueno tío- respondió Danny-. Entonces me lanzo al corralón para hablar con el tal Pimienta a ver que pedo, cualquier cosa te llamo, gracias- el joven terminó la llamada.

Casi una hora después el celular de don Gonzalo sonó nuevamente- ¡Como chingan!- refunfuñó el viejo pues la llamada entró justo en el último capítulo su telenovela favorita y de mala gana respondió:

-Que hubo Danielito, ¿ya resolviste tu problema?

-Nada tío, hable con este Pimienta y como dijiste, al principio me puteó, me dijo que esto no es así, que él no se presta a esas cosas, que por eso los tránsitos tienen mala fama, pero al ratito de estarme cagoteando me preguntó que si de cuanto estábamos hablando y le ofrecí un ‘quinientón’ y me dijo que solo por esta ocasión y que por que le caí bien me iba a dar chance de sacar el coche pero después se puso a revisar unas listas en la computadora y luego de un rato me dijo que ya no se iba a poder porque ya habían ingresado el carro al sistema y que una vez ingresado ya no hay ninguna forma de sacar la unidad del corralón a menos que…-sonrió- …a menos que hablara con el sargento Gallegos y que si me lograba arreglar con él a lo mejor si me lo soltaba.

-Pues ya la armaste Danny- interrumpió don Gonzalo- a ver, comunícame con Gallegos, ese cabrón es mi cuate ‘orita’ le digo que te dé tu coche.

-No tío, ya hable con él y le dije que era de tu parte pero me dijo, muy contrariado, que hoy no me iba a poder ayudar porque tiene supervisión de contraloría y lo tienen checadísimo y que no había ninguna forma de ayudarme me pidió que lo disculparas, que ya sabes que para ti lo que quieras, pero que hoy no se va a poder.

-¡Pa’ la madre sobrino!, oye el fin de semana vamos a ir a la casa de Veracruz a ver a tu tía Licha no nos quieres acompañar así aprovechamos y nos paramos un rato en Catemaco para que te hagas una limpia porque estás bien pinche salado cabrón… Bueno Danny, espérate un rato ahí entonces, le voy a hablar a un cuate y ahorita te marco.

Daniel cortó la llamada y sacó una cajetilla arrugada de Camels de su pantalón, tomó un cigarro y lo encendió, estaba cansado y de mal humor, tenía mucha sed y mucho calor pues llevaba mas de dos horas en la calle y a pesar de que ya casi eran las seis de la tarde la temperatura rondaba los 36°. Cuando su cigarro iba casi por la mitad el oficial Pimienta que llevaba un radio en la mano se le acercó y le dijo:

-Oiga joven, ¿usted es el del Civic color plata?

-Si oficial- contestó Daniel apresurado mientras arrojaba su cigarro al suelo.

-Me avisan por radio que ya se lo puede llevar.

-¿De verdad oficial? Oiga pues muchas gracias, ¿de cuánto va a ser la molestia oficial?

El policía dudó un momento y al final contestó:

-No es nada joven, la orden viene de bien arriba y pues como le dije aquí no nos manejamos así- apuntó el Transito mientras sonreía sarcásticamente.

Justo cuando Daniel salía del corralón manejando su coche el tío Gonzalo le llamó a su celular:

-Que hay sobrino, ¿ya sacaste tu coche?

-Ya tío, ya me lo dieron, muchas gracias. Disculpa las molestias te debo una…

-No te apures hijo, ya sabes que para eso son los conectes, porque en este mundo y sobre todo en este país todo funciona así, todo depende de a quien conozcas y de con quien te lleves, como siempre te digo este mundo es de los vivos y pues si uno tiene las oportunidades hay que saberlas aprovechar al máximo, antes de que otro lo haga. Bueno Danielito salúdame a tu mamá y dile que sigo esperando que me invite a comer de su Estofado que le queda riquísimo.

-Está bien tío yo le digo a ver si puede este fin y te aviso…

-Sale Danielito, entonces así quedamos, cuídate hijo.

– Nos vemos tío, salúdame a mi tía, bye…

¡Hazme el chingado favor!

Cortesía de Calavera

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