2011

Los Apodos

Di vuelta justo en el Oxxo de la esquina, iba a estacionarme y lo vi, subía a su auto, lo acompañaba su esposa y sus hijos, en otra época fue un gran amigo, quise saludarlo, pero me detuve al instante, ¿cómo acercarme y decirle: Quihubo pinchi Ojos de Rata?

Fue un instante y se fue, claro que pude acercarme y decir que onda canijo, pero en ese momento no lo pensé.

Éramos unos niños y cuando él llego a la colonia, ya teníamos nuestro grupito, así que le dijimos que para integrarlo a la “pandilla” debíamos bautizarlo, aceptó y “El Oso” insistió en que debía llamarse “Ojos de Rata”. Llenamos baldes de agua con jabón y lo rodeamos, “El Ratón”, “El Chemo”, “El Morenegro”, “Dulio Davino”, “La Roña” “El Tlacuache”, “El Oscuro Personaje”, “El Pito Loco”, “El Tori” y “El Porno”, además del Oso y yo, y así solemnemente, entre agua de jabón y después tierra perdió su nombre.

Son pocos los amigos que no eran conocidos por un apodo, y es que cuando se tiene buen tino para escogerlos, los apodos se vuelven nombres propios, “La Totoaba” era un morro bien gordito y caminaba rechistoso, (era un cabrón muy cruel por cierto). “El Costrini o Costras” no era muy afecto al baño, al igual que “El Pig” quien después fue conocido como “El Ansina”. En la tienda pedía manteca “ansina de grande” y hacía una seña. Nosotros nos botamos de risa.

Cuando un apodo a sustituido a un nombre propio es difícil sacudírselo, y solo lo sustituye otro apodo, por ejemplo “El Arca” dejo de serlo cuando se convirtió en “El Viagra” o “El Veo Doble” se convirtió en “El Chiras Pelas”.

Uno es cruel al poner apodos, recuerdo por ejemplo a una chamaca, ella tenía un pie mas largo que el otro, usaba zapatos ortopédicos y al caminar se movía de un lado a al otro por eso “La Chimenea”.

“El Breve” le apodo una amiga a su ex. “La Tamara” era el homosexual de la colonia, bueno el que lo acepto primero. “El Pavo” un gordito con un problema del habla, se llama (¿ba?) Pablo. “El Perrías” se llama Elías pero era muy estúpido y todos lo traían como perro. “El mochilitas” por lo encorvado de su espalda.

En fin, a veces de veras hay que agradecer que no nos hayan puesto un apodo tan gacho, yo por lo pronto no pude saludar al Ojos de Rata, y ni les cuento cuando en una tienda vi a un punk conocido. ¡Pito Loco¡ le grité, un impulso que nos hizo pasar una rato bochornoso.

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