2011

Facundo Cabral

En aquel entonces no existían los discos compactos, así que la música llegaba a nosotros en los discos negros y en unas cajitas que traían una cinta magnética dentro.

Me compre mis walkman y escuchaba las canciones de moda. A mi padre le gustaba la salsa, el jazz y el rock & roll, pero también la trova.

Él tenía un pequeño departamento en el centro de la ciudad, estaba rodeado de libros, una cafetera y un toca discos. Lo esencial para vivir.

Un día él escuchaba “El Papalote”, y me atrapó el coro, ahí empezó mi gusto por la trova,

A Facundo Cabral lo escuché por vez primera con esa canción que dice “…pobrecito, mi patrón, piensa que el pobre soy yo…” un estribillo pegajoso. En aquellos ayeres yo era un adolescente que empezaba a ser “revolucionario”, consumiendo todo lo contestatario, y Facundo Cabral se unió a la lista de mis cantores favoritos.

Lo Cortes no quita lo Cabral, fue uno de los casetes que me prestó mi padre y que sonó una y otra vez en mi walkman.

Recientemente vino a la ciudad y coincidió con el concierto de un grupo de rock, me decidí por Facundo Cabral. El escenario era una mesa, una botella de vino, una de agua, una copa, una guitarra, y un banco con respaldo. Entro apoyado en un bastón, aspiro una bocanada de aire que le infló el pecho y avanzo, inicio la charla-recital-concierto.

Anécdotas que se sucedían una a otra, con ese increíble humor que lo caracterizó, hace años que abandono lo contestario y se entregó a los reconocimientos del gobierno. Contó: “Cuando éramos jóvenes solíamos juntarnos en un café, a ese mismo café iba también el maestro Borges, un día decidimos saludarlo y nos preguntó ¿Y ustedes quienes son? Nosotros con la insolencia de la juventud, respondimos: somos colegas suyos, también escribimos. ¿Ah si? ¿y que escriben?, nos dijo el maestro. Escribimos canciones de protesta. Los felicito, dijo, yo cuando estoy enojado no logro escribir nada. Y tenía razón.” En eso se apoyaba para luego decir que prefería cantar a la paz, se declaró violentamente pacifista.

Así se sucedió la platica y las canciones, no bebió del vino, ni soltó la guitarra acústica, contó la angustia de perder a sus esposa e hijos, y como la madre Teresa le dijo “¿y ahora que harás con tanto amor?” Al final se despidió con la canción que, según contó, José Alfredo Jiménez, le dijo “te me adelantaste, yo debí haber escrito esa canción” y que se ha vuelto un himno en mas de 130 países que recorrió.


Liga Directa: http://youtu.be/eqZ99eXwXeg

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