2011

Ya no hay caballeros… tampoco damas

Comúnmente hemos escuchado salir de la boca de alguna mujer (chapada a la antigua principalmente), en un tono un tanto de molestia y otro tanto de indignación, la frase “ya no hay caballeros”. Esto lo dicen tanto en el transporte público, como en la oficina, en restaurantes, etc. Y cada que escucho esto pienso: ¡Hazme el chingado favor!

Me pregunto ¿es que acaso sigue habiendo damas para tales caballeros? Siempre llego a la misma respuesta: sí, hay damas, en la misma proporción que hay caballeros, es decir, muy pocas… ¡Qué bueno!

Y no me malentiendan, no digo esto en forma de reivindicación por el hecho de que haya escuchado decir “ya no hay caballeros” y me haya ofendido por ello. Al contrario, las figuras o arquetipos de “dama” y “caballero” creo, han quedado obsoletas en cuanto a la dinámica de roles de género que requiere nuestra sociedad actual.

Para entender esto primero definamos el rol tradicional de una verdadera “Dama”: Es aquella mujer, que según los cánones principalmente europeos, ejerce una conducta intachable y que siempre demuestra su educación y buenos modales en determinadas situaciones sociales. Además siempre tiene un papel sumiso en su relación con los “caballeros”, sean estos su padre, sus hermanos, familiares, conocidos, pretendientes, esposo, etc. Devota de la iglesia y la moral. Debe ser recatada y vivir en absoluta castidad hasta llegar al matrimonio. Imposible que tomen la iniciativa en alguna relación romántica. No debe ser nunca protagonista de escándalos o chismes vulgares. Debe ser dedicada al hogar y la crianza de los hijos, nunca andar trabajando o sosteniendo económicamente una familia. Normalmente, de temperamento afable, cordial y en espera de que un caballero llegue a resolver o mejorar su vida (sentimental, social y económica).

Todos estos atributos se antojan caducos en pleno siglo XXI. Las mujeres de hoy tienen roles más activos en la sociedad, ya no son sumisas, ejercen sus derechos y libertades, que luchan por obtener más cada día. Apelan por una equidad de género por demás merecida. Han ido adquiriendo un mayor protagonismo en la sociedad. Trabajan en diferentes profesiones u oficios con igual o mayor eficiencia que los hombres. Pueden ser independientes emocional y económicamente hablando. No necesitan que un caballero venga a socorrerlas para abrir una puerta, para acomodar una silla, para cargar una caja o para pagar todos y cada uno de los gastos que hacen. Son críticas ante la sociedad, la cultura, la religión, la política, y cada uno de los aspectos que crean necesario analizar, sin tapujos. Algunas se llenan de orgullo cuando les dicen que son todas unas “cabronas”. Damas, pocas quedan.

Quizá seguirán existiendo las damas y los caballeros por un buen tiempo; sólo espero que sea por decisión y convicción propias, y que no sea por una imposición hecha por viejas tradiciones que estimulan el machismo, un poco disfrazado, pero machismo a fin de cuentas.

Es por esto que me alegra y veo con buenos ojos que cada vez haya menos damas y menos caballeros.

Cortesía de Lúmen_fq

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