2011

De que se puede, se puede…

Mucho se habla de los innumerables vicios ni tan ocultos de nuestro país, su gente y su gobierno. Pa’ variarle no más tantito quisiera compartir con ustedes una historia, que aunque no es mía, sé que algo habrá de aportarles.

Tengo un amigo oriundo de Champotón, pueblo campechano biciplayero que hace menos de veinte años ni siquiera tenía todas sus calles pavimentadas. Juan creció en una humildad que pese a que muchos tacharían de precaria, él dice nunca se sintió pobre. Cosechaban en el jardín de su casa lo que comían, por lo que la comida no faltó. Su padre era pescador, siendo el único ingreso de la familia; su madre, dedicada al hogar no terminó la primaria.

Cuando Juan tenía quince años, su padre murió de cáncer. Si alguna vez se las vio difíciles, tuvo que haber sido en esa época. Sin muchas opciones, intentó ingresar a la marina, pero fue rechazado por el examen médico. Sin embargo, gracias al excelente promedio escolar consiguió una beca que lo llevó a estudiar a la Universidad Nacional Autónoma de México. A partir de entonces, siguió aprovechando becas que ahí están pero que al parecer nadie conoce o no quieren buscar. A sus treintaidós años tiene cuatro postdoctorados, es miembro del SNI (Sistema Nacional de Investigadores), ha representado a nuestro país en congresos internacionales y considero que es de los pocos afortunados de los que trabajan en algo que les apasiona, aportando algo a su país.

Estas son mis conclusiones:

1.- Si en algún momento de su vida, Juan se hubiera puesto a pensar lo injusta que puede ser la vida, que si el gobierno es re corrupto, que si los “diez mil millones de pendejos”, que si por eso estamos como estamos etc., seguramente no habría logrado lo de hasta ahora.

2.- En la historia no hubo ni palancas, ni influencias, ni familias importantes. Aunque a muchos les cueste creerlo, existen oportunidades en este país, ciertamente no son para todos, son para los que a base de querer azul celeste, se las ganan.

3.- Las frustraciones y los momentos difíciles son comunes en la vida de cualquier ser humano. Allá de cada quien si prefiere sacar los violines para música de fondo mientras chilla y se queja logrando nada. Las primeras barreras, están siempre en la mente.

Debo insistir en que no es mi historia, pero me constan todos y cada uno de los hechos aquí narrados, porque (y lo digo con harto orgullo) Juan es muy cercano en mi vida. Afortunadamente, es uno de miles, gente que no aceptó un “no se puede”, personas que creen firmemente que le deben a su país y que hay que retribuirlo. Pues si mis jovenazos, ya lo dice el famosísimo y afamado slogan: impossible is nothing.

Cortesía de killerina

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